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- Te miro y no te conozco
- mi Buenos Aires querido
- del viejo arrabal sentido
- ni un cachito te han dejado
- yo te observo acongojado
- y en mi recuerdo tan fiel
- voy a hablar de lo que fuiste
- frente a un disco de Gardel.
- Un farol de querosén
- un patio de conventillo
- y un malevo bien sencillo
- acamalando una mina
- del boliche de la esquina
- una banca, un tallador,
- una catrera, un cotorro
- y un parlamento de amor.
- Adónde están los muchachos
- de aquella barra florida
- dónde está la sentida
- victrolera del café
- quisiera saber porqué
- al tango lo han disfrazado
- y un farabute cualquiera
- hasta el compás le ha cambiado.
- Tango fue aquél que jamás
- ninguno podrá olvidar
- Gardel lo supo cantar
- con expresiones sentidas
- la Maizani le dió vida
- Mercedes Simone palmas
- y la Rosita Quiroga
- lo llevaba dentro del alma.
- El porteño de la calle
- alumno del arrabal
- brinda su canto inmortal
- a las barras milongueras
- y en la expresión más cabrera
- la que al contarlo me aqueja
- te remito en mi parlamento
- la voz de la guardia vieja.
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Julio Ravazzano Sanmartino
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