-
- ¿Hasta cuándo - te pregunto-
vas a seguir con tus
celos
- o te crees que vengo a casa, para
quererme amargar...?
- ¡Y no me andés olfateando, que
yo no soy ningún perro
- si hasta el perfume que llevo,
vos misma me lo comprás...!
-
- Y tomá llevate el saco y
revisalo a tu gusto
- que a lo mejor el pañuelo, tiene
una mancha de "rouge"
- y te aviso por las dudas, para
evitarte el disgusto
- que este número que tengo... es
del doctor Santa Cruz...!
-
- Y apurate que te falta examinar
la camisa
- y analizá esta manchita... vas a
ver que es de café
- que lo tomé sin azúcar... por
no usar la cucharita
- paradito en Do Brasil a las
cuatro y veintitrés...!
-
- Y después le toca el turno al
pantalón por supuesto
- eso sí... en la cartera, por
favor no demorés...!
- que siempre cuento "la
tela" por temor a los impuestos;
- tengo 2 de cincuenta, 6 de cinco
y 3 de cien.
-
- Y en vista que la pesquisa no te
ha dado resultado
- sentate cerquita mío, que me
quiero confesar
- de todo lo que yo hice, cuando me
fui de tu lado
- esta mañana a las ocho, después
de desayunar...!
-
- Como taxis no venían... me
subía a un colectivo
- y las cosas del destino, donde el
hombre se ubicó
- que si es otro se desmaya, pero
yo... quedé tranquilo:
- ¡De un lado Sofía Loren... del
otro... Brigitte Bardot...!
- ¡Y las dos por conquistarme, de
rabia se derretían...!
- una me dio un codazo... la otra
lo repitió...
- ésta que me miraba... aquella me
sonreía...
- que al final, les dije: ¡Niñas,
compostura por favor...!
-
- Pero viendo que las cosas más
oscuras se ponían
- dije al llegar a Congreso, ¡Pare
que bajo yo...!
- "No te vayas... cuchi
cuchi..."- me suplicó la Sofía
- "Mi Tarzán... no me
abandones" -suspiró Brigitte Bardot...!
-
- Eso... ocurrió a la mañana, que
la pasé descansando
- pero justo al mediodía, un amigo
me avisó
- que Ava Gardner me esperaba, para
tomar un "cortado"
- que venía con la Gina y esa
rubia Diana Dorst...!
-
- ¿Ah... te reís... te causa
gracia, y decís que son mentiras
- porque jamás una estrella, en
mí se podrá fijar...?
- ¿Entonces que merezco... esa
gorda de la esquina
- Esa que vende empanadas... en la
esquina frente al bar...?
-
- ¡O no ves que en tu egoismo, te
rebajás a vos misma
- cuando el esposo no vale, no hay
motivos de celar
- y si vale... hay que cuidarlo, no
aburrirlo con pamplinas
- y hacerle gratas las horas cuando
viene a descansar...!
-
- ¿O pensás que tus celos,
son motivo de cariño
- y que a mí, me causa gracia. los
papelones que haces...?
- ¡Si cada día que pasa... sin
querer me desanimo
- y el día que diga: ¡Basta...!
jamás me volvés a
ver...!
-
- Esa cuestión de celos, dejala
para los novios
- que se enojan veinte veces, para
volverse a animar...
- o te creés de que a mis años...
estoy pa´ hacerme el Tenorio
- con los problemas que tengo, por
mantener el Hogar...!
-
- ¡Y no llores que estas cosas, no
se arreglan con suspiros
- se arreglan queriendo fuerte, con
cariño, con lealtad...!
- Y ahora vení... dame un beso...
y abrazalo a tu marido...
- que no le gusta que llores...
porque lo hacés aflojar...!
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- Héctor Gagliardi
- del libro "El sentir de Buenos
Aires"