De origen guarango, mi cuna fue un barrio
de vereda angosta y viejo empedrado.
Crecí con mi gente, puse el hombro al hambre,
masticando el caldo del cinto apretado.
Me cuesta expresarme por eso hablo poco,
aunque siempre trato de hacerme entender;
si digo trabajo, me refiero al lomo,
los callos con mano, taller y taller.
 
Si cuento de canas, se trata de pelo,
que aunque me hacen viejo me las banco bien.
Y, como quien dice, sé cuidar la línea
en los avatares que tiene el vivir.
 
Si pienso en un tango: ¡Discépolo digo...!
porque soy de pueblo como lo fue él...
y si digo amigo se me agranda el cuore
porque en ese palo, no sé... tengo mil.
 
Y en tantos biandazos que habré apechugado
a veces, zurdado, me apretó el amor.
Pero en esas lides ya nací entrenado
pa´ frenar los brincos que da el corazón.
 
Me trago las eses; cultura de hambriento
y es cierto, confieso lo bruto que soy.
El mango que gano me da para poco.
Y en cuestión de amores yo doy lo que soy.

Héctor Oviedo - Pablo Hechim

Indice