- Estaba en el umbral a todo vino
- cubierto por la noche y la
tristeza.
- Dormía
- y era un nombre de pájaro su
sueño.
- Apretaban sus manos la luz de una
muchacha,
- Buenos Aires andaba desvelada esa
noche
- porque alguien le mostraba su dolor
- a una puerta
- y tenía tremendas soledades su
rostro
- y había en todo su cuerpo
- maneras del olvido.
- No esperaba su nombre ningún
rincón soleado.
- No lo necesitaban ni para hacer
sombra.
- Era menos que un perro su bulto de
zaguán,
- rastros de forma humana goteando
del zapato.
-
- Sin embargo era un hombre
- prolongación de un niño
- ¡Andá a saber qué fuegos le
quemaron un día!
- ¡Andá a saber qué locos barcos
le naufragaron!
- ¡Andá a saber qué vida!
- Hoy dormía en el borde de la
ausencia
- su temblor de botella descorchada
- y a su lado pasaba un mundo
gordo,
- esa gente que duerme en una cama.
- Me pareció que un duende descalzo
y atrevido
- con olor a caminos y olor a Buenos
Aires
- le ordenaba al oído palabras de
milagro
- "Levántate es el alba".