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- A los sesenta abriles, viudo y solo;
- libros, dos hijas y la noche ociosa;
- pescó una rubia, treinta y ocho,
hermosa,
- un gran beguén, ardiente, p´a andar
colo...
- El nuevo amor le transformó las venas
- volvió al empilche, se biabó el
escracho,
- se sacudió en un rock con los
muchachos
- la risa abierta, la garufa amena...
- Pero ella lo espiró. Era una fija.
- Y él volvió a sus insomnios y a sus
hijas
- a sus graves tertulias y a algún
vino...
- Hoy lo encontré y charlamos. Los
anteojos
- me ocultaban la muerte de sus ojos
- y el metejón que le fajó el
destino...
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- Héctor Chaponick
- Año: 1973
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