El tango regresa en el crepúsculo
y dibuja en ordenadas notas su presencia melódica.
Trae ramos de color violento o
florecillas pálidas, pasiones y recuerdos.
Pudo contarlo todo: tardecitas de madreselvas
o fríos de madrugada.
 
Antigua voz de ciudad y suburbio,
sugestión de un título, rasgo inspirado,
modulación, acorde.
Su caudal poético se vuelca
en temas porteños y cristaliza en imágenes
a las que la memoria fiel confiere el prestigio
y la pátina del tiempo perdido y recobrado.
Irrumpe en todas partes, por derecho propio,
con la tranquila seguridad de su valor.
Rozando teclados y cuerdas se esparce
como un sueño por las barriadas silenciosas.
Quedan flotando las notas de sus variaciones,
como palabras finales de una charla amistosa.
Voz de tradición, su tenaz vitalidad lo renueva
y mantiene presente en nuestra memoria
como síntesis emocional
y brote lírico de la ciudad que le dio la vida.

Emilio A. Langlais

 

Indice