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- ¡Mirá viejo disculpame de que
opine diferente
- porque sé que la novela que
contás a tu favor...
- y ya que pedís que hable... lo
voy a hacer francamente
- porque dudo que haya amigos, que
te aprecien como yo...!
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- Ya estoy harto de escucharte: Mi
mujer.. no me comprende...!
- ¿Pero a vos quién te comprende,
si es que se puede saber
- o te crees que el casamiento, es
comprar algunos muebles
- y tener una sirvienta.. en lugar
de una mujer...?
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- Te casate de apurado sin saber de
que sentías
- mas deseo y entusiasmo... que
cariño y comprensión
- y hoy vivís equivocado,
persiguiendo fantasías
- y jugando a la escondida, con tu
propio corazón...!
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- No sacás a tu Patrona, ni a la
esquina de la casa
- y a los pibes como duermen, ni
los ves, cuando llegás
- no sabés si están enfermos, si
te quieren, qué les pasa...
- ¡Porque sos un pensionista, más
que el Padre de tu hogar...!
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- ¡Te las das de calavera, porque
andás por los "estaños"
- rodeado por esa gente, que no
tiene dónde ir...!
- ¡Te pasaste Nochebuena...
brindando con los extraños
- y decís que sos un hombre...
pero no me hagas reir...!
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- ¡Y ahora andate... con los vivos
que te aplauden tu prontuario
- no vaya a ser que al lao' mío se
oscurezca tu cartel...!
- ¡Y no me des la mano, que
tampoco es necesario
- te dije lo que sentía.. y chau
que te vaya bien...!
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- Héctor Gagliardi
- del libro "El sentir de Buenos
Aires"