Nunca estuve engañado
sabia que me pasaría
pero mi terca porfia
hoy me tiene encarcelado,
al fin me ha abandonado
como tenia que ser,
pero mi tonto querer
la puso en un pedestal
un capelo de cristal
que se tenía que romper.
 
Le dí mi todo, mi vida
y siempre me desdeñó
jamás su vientre procreó
negando al amor cabida,
por saberse consentida
continuamente abusaba
nunca nada le bastaba
decíase  insatisfecha
solo hacia cosecha
mientras conmigo jugaba.
 
No la volveré a ver
este idilio se acabó
mi ilusión se la llevó
de mi, no quiere saber,
yo la deseo tener
y en vano insistiré
a su puerta tocaré
y me negará su pecho,
solo me dará despecho
muy triste lloraré.
 
Sergio Gil
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