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- Un reloj da las doce: ¡las doce
de la noche!
- y qué triste es hermano las
horas escuchar,
- cuando estás olvidado en el
lecho tan frío,
- ... tan frío y tan triste que da
el hospital!
- ¡Las doce de la noche!, ¡qué
harán los muchachos!
- tal vez, como siempre, jugando al
billar,
- o estarán de baile en algún
casamiento....
- ¡Qué solo me siento"...
¡qué ganas de llorar!
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- No es que me arrepienta hoy, que
estoy enfermo,
- quisiera decirles se sepan
cuidar...
- ¡mujeres y copas, y noches de
fiesta!...
- ¡Yo triunfé en todo eso, y
aquí está el final!
- ¡Qué triste es, hermano, caer
derrotado,
- aquella que ayer me jurara su
amor,
- ni ha venido a verme, ya no le
intereso...
- Se enturbia mi vista... ¡qué
flojo que soy!
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- Ya mañana es domingo, y es día
de visita,
- mas, yo sé que una sola para mí
ha de ser...
- mi viejita querida que por mí
tanto sufre,
- que tanto me dijo... y yo no
escuché!
- ¡Lo siento por ella, la pobre
tan vieja!,
- a mí que soy joven me venga a
cuidar...
- ¡Las doce de la noche!
¡qué noche serena!
- ¡Qué solo me siento!... ¡qué
ganas de llorar!.
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- Héctor Gagliardi
- del libro "El sentir de Buenos
Aires"