Herido por las invisibles flechas 
de un espejo detenido
en sus minutos, está mi eternidad,
donde gime el roto arco iris
de mi espera que te piensa.
 
Sabés... tus rojos labios arrebatan 
como un abismo de vientos, 
tu voz estalla 
en la sequedad de mi garganta 
y tus ojos son una ambición 
que envuelven mis confusos soles viejos.
 
Pero igual, quiero vivir 
mi tiempo en simbiosis 
con este poema que te recuerda,
como una lágrima
que se rompe en flor.
En el estridente ocaso de mi piel 
penetra en finísima llovizna
la apagada garúa de tu despoblado amor.

Juan Stroppolo

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