- Del coito celestial de dos
ciudades,
- acrisoladas márgenes del Plata,
- vio la luz este hijo, que es el
hijo
- del Río como Mar. Y en la barata
- promiscuidad del noble conventillo,
- antro heroico del piojo y de la
rata,
- gimió el Tango el vagido
inconfundible,
- orillero, asocial y de alpargata.
- Dos ciudades preñadas de poesía,
- patria del Tango para siempre mía.
-
- De pronto fue la antigua melodía,
- alguien le marcó el ritmo, un
tercero
- le hizo el contrapunto y por
entonces
- llegó el canto. Siguieron con
esmero
- arpegios y glisandos, el acorde,
- la síncopa endiablada y el austero
- vibrar del bandoneón grave y
solemne;
- voz antigua de canto marinero.
- Llegaban cada uno de su tierra.
- Coincidieron aquí. La suerte es
perra.
-
- Se encontraron al Sur del
hemisferio,
- el temor tiene algo de hermosura,
- se retan dos pasiones frente a
frente
- al borde de la misma sepultura
- y en el sordo latido del silencio
- dejan de respirar; toman altura,
- dan juntos a la vez el primer paso
- -el paso inaugural- y la aventura
- de esta danza nació así, de
repente,
- como suele ocurrir entre la gente.
-
- Arrastrados, al fin, por la
corriente
- sentimental de aquel malabarismo,
- refugio de la fe, para ser uno
- con su pirueta al borde de un
abismo,
- en señal de respeto se miraron
- ojo en ojo y el Otro es uno mismo.
- Dicen que están bailando todavía,
- lo demás es, tal vez, un
espejismo.
- Si quien comparte el pan es
compañero
- el que comparte el Tango es
cotanguero.
-
- ¿Qué se iban a decir, en que
dialecto,
- jerga o idioma para su alegría,
- verso de amor o amargo desengaño
- cultivando el dolor de cada día?.
- ¿Cómo expresar con las mismas
palabras
- de otro modo la suma y la manía
- de esgrimir en defensa de la imagen
- el baluarte de la mitología?.
- Sopló el Ángel del Tango en su
trompeta,
- cada Evangelio tuvo su poeta.
-
- La emoción en suspenso, el alma
quieta,
- ausente del amor y de sus males,
- evoca los fantasmas de aquel tiempo
- que nunca fue. Acaso los anales
- de la invención crearon este
sueño
- donde se citan turbios arrabales,
- donde se mezclan héroes y
traidores
- que luchan en combates desiguales.
- La leyenda se forja paso a paso,
- todas las cartas son del mismo
mazo.
-
- Va subiendo la cuesta y su silueta
- de duende bailarín caracolea
- vertiginosos cortes y quebradas
- y lo embriaga el olor de sangre
fresca,
- sangre que evoca hímenes ingenuos,
- mitológicas vírgenes porteñas
- y se pierde en tugurios-laberintos,
- Minotauro del verso y de la idea.
- Como Fausto, celebra su pecado
- de lírico alquimista enamorado.
-
- Bate metal de sueños el
herrero
- sobre la fragua eterna del poeta
- y en el yunque del verso va
forjando
- la perfecta unidad de su cuarteta.
- Este herrero es Ferrer, veo en su
rostro
- las huellas de la mágica careta
- y al caer el telón tras el aplauso
- descansa el corazón en su maleta.
- Académico, mago, abracadabra,
- trashumante del gesto y la palabra.
-
- Juan Tajes
- Portugal, 1995