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el año 1877, con la llegada del carnaval, las sociedades candomberas,
los negros del barrio del Mondongo, salían a la calle con sus
trajes chillones y sus sombreros de plumas, bailando largas horas al compás monótono de candombes. La supremacía que cada asociación pretendía ejercer dio
lugar a enfurecidas rivalidades y, como consecuencia, a sangrientos encuentros en plena vía pública. La repetición de
estos enfrentamientos resulta en la disolución de asociaciones belicosas y la clausura de sus
candombes. Ahogadas así las expansiones africanas, se formaron centros de baile con los mismos elementos, naciendo el memorable tango, pero en una forma bien distinta a la que hoy se ejecuta. Las
parejas, en lugar de acercarse se separaban al compás, imitando las gesticulaciones y contoneos del pasado candombe. El nuevo baile se hizo general y a poco de ser difundido, los compadritos del arrabal
lo tomaron para sí y lo llevaron al barrio crudo de los corrales, donde ya funcionaban los peringundines con la tradicional
milonga. Los
muchachos de barrio practicaban el tango entre ellos, en las veredas al
compás de organitos, ya que todavía no había discos, ni radio. En los
bailes elegían compañeras, no por su belleza sino por su habilidad. La
original representación de esta danza exhibe al macho dominante ante
la sumisión de su hembra, que sigue las órdenes y las embellece. El
Tango se baila totalmente abrazados, cara con cara, por ello es muy mal
visto por la sociedad de la época (1880). En las "Academias"
se bebía, se bailaba y se escuchaba música, atendidos por camareras. No
era muy distinto a un prostíbulo. No sería sino hasta 20 años despues,que
el tango comenzó a
introducirse en las casas de Buenos Aires. Allí se fue perdiendo la
acrobacia que realizaban los primitivos bailarines, para transformarse
en elegancia y sincronización, incluyendo el sentimiento y la emoción

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