Serie  | Los Cien Barrios Porteños
 

San Telmo: el corazón del tango...

 

Donde San Juan y Chacabuco se cruzan

vi las casas azules,

vi las casas que tienen colores de aventura.

Eran como banderas

Y hondas como el naciente que sueltan las afueras.”
<Borges>

 

Sus límites: Chile, Piedras, Caseros, Defensa, Martín García, Paseo Colón, Brasil, Ingeniero Huergo.

Por que San Telmo es un barrio  típicamente porteño, de compadritos y con gente de tango es necesario homenajearlo. Es uno de los pocos que cuenta solo nuestra historia por ser casi atemporal,  por ello se convirtió en paso obligado para todo aquel que quiere saber un poco de nuestro Buenos Aires de hoy y de ayer.

La Plaza Dorrego los domingos, la calle Defensa, los cafés del Parque Lezama, los conventillos, sus calles empedradas y su arquitectura colonial, son testimonio de lo más característico de nuestro país: el tango.

San Telmo se define por sus numerosas casas dedicadas al tango, locales de antigüedades, tanguerías, cafés-concerts, teatros y boliches que lo hacen vivir de noche.

Durante la época colonial existió un sector de la ciudad conocido como Alto de San Pedro. Su nombre se debe a su altura por estar situado en un terreno elevado respecto a toda la zona aledaña (actuales barrios de zona sur) que solían inundarse con cada sudestada.

Sus nombres fueron cambiando. Lo denominaron  como San Pedro Telmo, para recordar al santo del mar. Hoy lo conocemos como el barrio de “San Telmo”.

Se dice que a principios del siglo XIX, sus habitantes eran peligrosos, o mejor dicho, no muy recomendables...Gente de Riachuelo, pescadores y marginados sociales se reunían en las pulperías de la zona. El viejo barrio de San Telmo era conocido por sus beodos, por sus calles mal iluminadas y por la vida nocturna. Lo habitaron fugitivos, negros y mulatos.

La medicina

 

“¡Infeliz Buenos Aires!

La celebrada emperatriz del Plata

Yace en el lecho del dolor cruento,

Sus hijos desaparecen

Al hálito fatal del morbo impío,

Como las gotas que arrebata el viento,

Como gotas de lluvia

Que absorve en su corriente el ancho río.”

<Aurelio Berro – poeta>

 

San Telmo sufrió aquella importante enfermedad que provocó el éxodo de la elite argentina hacia la zona norte, en el transcurso del siglo XIX. La fiebre amarilla del otoño de 1858, el cólera y el deplorable estado sanitario provocaron aquella gran migración de vecinos. Los estragos se reflejaron en el aumento de la mortalidad de la población del barrio y también una importante modificación en su fisonomía la usurpación de grandes caserones: “los conventillos”.

El hacinamiento, la humedad, la poca sanidad, la pésima alimentación desembocaron en la epidermia.

Diarios de la época decían al respecto:

“En la parroquia de San Telmo existe la fiebre amarilla”

“El pueblo sabe que la fiebre amarilla hace actualmente numerosas víctimas en uno de los barrios de la ciudad”

En aquel entonces, en el barrio, se radicaron importantes instituciones: el hospital betlemitas, que en cierto momento fue residencia jesuita, la Facultad de Medicina (demolido en 1883) y el hospital de hombres, allí estudió el afamado médico Juan Manuel Montes de Oca.

Con la progresiva desaparición de la fiebre, el barrio fue transformándose en un lugar “habitable”. La aparición de almacenes, despachos de bebidas y comercios, sobre la calle Defensa, reemplazaron las viejas pulperías de payadas. Pero la música no dejó de sonar en el barrio gracias a los cafés donde los aficionados solían reunirse para discutir, guitarrear, tocar el fuelle y los que se animaban, a cantar...

El parque del barrio

 

“He ido a ver el Parque Lezama

en el atardecer de un día cualquiera,

y me he encontrado uno, diferente

al que por tantos años conociera!

<Fernández Moreno>

 

El Parque Lezama tiene su historia ligada a los orígenes de la ciudad, ya que forma parte de la discutida fundación de Pedro de Mendoza, de allí su polémica. Pero los datos precisos dicen que el inmenso parque fue  la quinta de Manuel Gallegos, luego perteneció a un inglés Mackinlay y un norteamericano llamado Carlos Ridgley Horne. Su inmenso parque sirvió para agasajar a la elite de Buenos Aires, en imponentes fiestas. Mas tarde la propiedad fue vendida a Gregorio Lezama y luego fue parque público, donde actualmente se puede visitar el Museo Histórico Nacional.

El Museo Histórico se trasladó al parque en 1897, dejando su antigua sede en el Jardín Botánico. Es un lugar con valiosas piezas. En éste café se filmaron películas como “Tacos altos” y “¿Dónde estás, amor de mi vida, que no te puedo encontrar?”.

Un impulso del municipio, para el año 1893, hizo que se inicie el famoso “paseo Lezama”, siendo luego de la realización de la Avenida de Mayo, una de las obras mas importantes de la época. El parque logró colocar la mirada sobre toda la zona sur, y resaltar barrios como Barracas, la Boca y San Telmo.

Los miembros de la comisión de Obras Públicas del Consejo Deliberante indicaron:

“...es de verdadera utilidad pública favorecer a la parte sur del municipio con un parque espacioso que compense los inconvenientes de los barrios malsanos de la Boca y el puerto...”

Actualmente frente al parque se encuentra un histórico café de Bs. As. “Bar Británico” (1928). Uno

Ernesto Sábato le dedicó muchas líneas al parque. Fue la escenografía de la pareja protagonista de su libro “Sobre héroes y tumbas”. Pero también Aníbal Troilo le puso melodía de tango a uno de sus poemas:

He vuelto a aquel banco del Parque Lezama.

Lo mismo que entonces se oye en la noche

La sorda sirena de un barco lejano.

Mis ojos nublados te buscan en vano.

Después de diez años he vuelto aquí solo,

Soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco.

Mis penas vencieron. El tiempo y la lluvia,

El viento y la muerte, ya todo llevaron.”

 

La calle Defensa desemboca en este parque. En épocas de la colonia fue conocida porque llevaba directamente al riachuelo de los navíos (actual boca de Riachuelo). Fue el camino más transitado para el comercio y el barrio.

Se la denominó “Defensa” en el año 1845, conocida previamente como Liniers, San Martín, de la Reconquista, mientras que el pueblo prefería llamarla la calle del puerto o calle real...

Sobre ella se ubica la manzana mas importante para el barrio, donde se instaló el primer hospital de Bs. As. (Mejico, Chile, Balcarce y Defensa). Estuvo en aquella manzana hasta el S XVIII, para trasladarse a la calle Humberto I°, entre Balcarce y Defensa. Mas tarde se ubicó la Casa de la Moneda de Buenos Aires (1881).

 

La Plaza Dorrego

No es casual que para el año 1745 éste lugar fue conocido como “Hueco de la Residencia”, aludiendo a la casa de los Jesuitas, para luego denominarse Comercio, Núñez y Humberto I°.

La plaza sirvió para ser paradero de carretas hasta entrado el siglo XIX.

Los vecinos del barrio como Bernardino Rivadavia, Domingo French, Esteban de Luca, eran habitúes de la plaza. La plazuela constituía un casi obligado lugar de cita, de encuentro  donde los se escuchaban las campanadas de San Pedro González Telmo.

Por la noche la plaza conserva un aire diferente. Desde sus inicios se convirtió en “la plaza del pueblo”, donde se bailaba, y los tamboreros hacían de San Telmo un verdadero escenario para el carnaval y la fiesta.

“ Cuidado que soy de San Telmo,

y mayoral, pa’ mejor;

pa’ una conquista me sobra,

la sonrisa de una flor.”

 

Cercana a la plaza se encuentra, en la calle Carlos Calvo 499, el Mercado del barrio ideado por el arquitecto Juan Buschiazzo en el año 1897.

Un histórico edificio construido por los jesuitas es la cárcel Correccional de Mujeres, hoy es el Museo “Antonio Ballvé” (Humberto I° 378).

El tango de San Pedro Telmo

En Balcarce 799 funcionaba un olvidado restaurante “Volga”, se fundó por el año 69’ “El viejo Almacén”. Su nombre hace referencia al tango “Sentimiento gaucho” de Francisco, Rafael Canaro y Andrés Caruso en el año 1924. Por ésta pequeña esquina pasaron grandes personalidades, y el primero fue Edmundo Rivero.

En la misma cuadra (Balcarce 725) Beba Bidart tiene su placa. El local de tango “Taconeando” la homenajeó en 1995.

 

 Marinha Villalobos

 
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