| Informe | El Chantecler |
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Cantera de la Década de Oro
Cuándo en la floreciente década del '20, comienzan en Buenos Aires a inaugurarse reductos de gala, como marco musical para el tango, nace en 1924, el Chantecler. Amadeo Garesio su dueño, elige para su inauguración a la mejor orquesta de esos momentos, la de Julio de Caro. No se equivocó, dado que el joven músico había sido uno de los atriles del exquisito pianista Juan Carlos Cobián, el cual fué también uno de los autores mas puros del tango. Cuándo Juan Carlos Cobián decide irse a vivir a Estados Unidos, se produjo un desbande entre los integrantes de su orquesta; Julio De Caro ve la oportunidad y decide, junto a sus hermanos, formar un sexteto, con él como violinista y director; su hermano Emilio, como segundo violín y su talentoso hermano Francisco al piano. Dos bandoneonistas de fuste como eran Luis Petrucelli, (luego reemplazado por Pedro Laurenz) y Pedro Maffia y Ruperto L. Thompson como contrabajista, completaban el sexteto. Inmediatamente fueron contratados por por la Confitería L'Aiglon y el Café Colón. Siguieron en el Palais de Glace , Vogues Club y otros cabarets de renombre y categoría. Es en ese momento que surge el Chantecler en la calle Paraná 440, entre la Av. Corrientes y la calle Lavalle, dos vías fundamentales de la noche porteña. Con este reducto el tango se viste de etiqueta, al mejor estilo de los cabarets de París. Julio De Caro, tuvo en su larga trayectoria 20 cantores, siendo el primero que debuta con el en el Chantecler, Félix Gutiérrez, posteriormente violinista y gran compositor. Madama Ritana era la compañera de Garesio y administradora del Chantecler, donde trabó gran amistad con Carlos Gardel y llegó a ser su representante. Ella fué quién eligió como presentador a Angel Santos Carreño y lo bautizó como "El Príncipe Cubano" El Chantecler, fué el lugar elegido por los porteños amantes del tango, prestigiando el lugar con su presencia las mas destacadas figuras de la Alta Sociedad de Buenos Aires. Uno de ellos, Pablo Osvaldo Valle, que sería el Director Artístico de una nueva radioemisora llamada Radio El Mundo que sale al aire a fines de Noviembre de 1935. Con la premisa de privilegiar la cultura musical por sobre todas las cosas, convoca para su debut a Julio De Caro, que en esos momentos era la máxima expresión tanguera. En el Chantecler se alternaban, en las noches de gala, Julio De Caro y un conjunto que dirigía un joven llamado Juan D'Arienzo Los ritmos y estilos eran absolutamente distintos : Julio De Caro, privilegiaba la melodía y D'Arienzo era puro ritmo, siguiendo la vieja escuela de Francisco Canaro y Roberto Firpo. Una noche Juan D'Arienzo se encuentra sin su pianista Lidio Fasoli y prueba en su reemplazo a un muchacho de 27 años llamado Rodolfo Biagi, quién desde su piano cambia toda la marcación rítmica, dándole a la Orquesta un nuevo sello y estilo propio, que es imitado, pero nunca igualado. Pablo Valle los hace debutar en Radio El Mundo y cuando los porteños escucharon ese ritmo febril y avasallante, no dudaron en demandar bailarlo, surgiendo de esa manera Orquestas como Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo y Carlos Di Sarli en 1938, para dar respuesta a tal demanda. De esa forma nace la Epoca de Oro del tango y que se plasma en la década del '40 en la que las orquestas se lucían con estilos y sonidos personales, priorizando el ritmo bailable. No en vano el poeta Enrique Santos Discépolo dijo : " Juan D'Arienzo, trasladó el tango de la cabeza a los pies..." Todo había nacido una noche en el Chantecler. Fueron 20 años de esplendor para el tango; con el argumento del modernismo en 1960, (luego de un largo período de inactividad), el querido Chantecler fué demolido. El gran poeta y autor, Enrique Cadícamo, le hizo un homenaje componiendo un tango que estrenó Juan D'Arienzo con la voz de Jorge Valdéz, grabado el 19 de Noviembre de 1958.
Te redujo a escombros, la fría piqueta y al pasar de noche mirando tus ruinas este milonguero se siente poeta y a un tango muy triste le pone sordina.
Entre aquellas rojas cortinas de pana de tus palcos altos que ahora no están se asomaba siempre Madama Ritana cubierta de alhajas, bebiendo champagne.
Entre risas alegres y chistes siempre estaba apenada Reneé y de verla tan linda y tan triste fué por eso que me enamoré.
Hoy ni ella esta mas en la sala ni tampoco entro yó al cabaret se vinieron abajo tus galas bullanguero y cordial Chantecler.
En las noches bravas que el tango era un rito y el alcohol ponía los ojos brillosos entraba Razzano del brazo de Carlitos los dos tan hermanos, los dos tan famosos.
Ya no queda nada y aquello no existe ni tus bailarinas, ni tu varieté, Príncipe Cubano te veo muy triste pasar silencioso frente al Chantecler
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