Informe |   El Malevaje en el Tango
MALEVAJE DE TANGO
 
Fue casi una condición el demostrar “coraje” entre los malevos de ciudad. Aquella palabra fue y sigue siendo sinónimo de hombre de temple.
Originariamente  el tango fue baile de hombres solos, los compadritos lo bailaban formando pareja entre ellos, es aquí donde la historia del hombre malevo, que nadie puede explicar mejor que el mismo tango con la música de Julio de Caro y la letra de Mario Castro y María Luisa Carnelli:
 
El malevo

 

“Sos un malevo sin lengue,
sin pinta ni compadrada,
sin melena recortada,
sin milonga y sin canyengue.
Al elemento bacan
batiste reo chamuyo...
Lindo parlamento el tuyo
pa volcarlo en un gotan!”
 
De igual forma lo hace la letra de Homero Expósito y la Música de Aníbal Troilo: “Te llaman malevo”:

“Nació en un barrio con malvón y luna
donde la vida suele hacer gambetas,
y desde pibe fue poniendo el hombro
y anchó al trabajo su sonrisa buena.
La sal del tiempo le oxidó la cara
cuando una mina lo dejó en chancleta;
y entonces solo, para siempre solo,
largó el laburo y se metió en la huella.”
 
 
 
 
Danza maleva

 

El tango fue, en un principio, baile de hombres solos, los compadritos lo bailaban formando pareja entre ellos en donde la coreografía era sumamente importante y en donde se tenía que demostrar aquel pleito malevo.
 
Con la inserción de la mujer logró en la década de 1880, dada en los lugares de diversión, se le otorgó el lugar débil dentro del baile o solo el de acompañamiento.
 
Tuvo que pasar mucho tiempo para que la mujer fuera realmente necesaria en la danza y para que logre superar la condición de acompañante. Recordemos la labor de importantes bailarinas como Edith Peggy.
 
Vale recordar que el tango, como ejemplar dancistico, inauguró el manejo libre del espacio, aquella libertad que tanto necesitaba el ejecutante: Realizar su propia coreografía.
 
Con la pareja hombre-mujer cada baile empezó a contar una historia diferente, donde los espectadores veían una unidad dada por la conexión de los dos cuerpos. Pero donde se distingue toda una gama de matices, propio del juego coreográfico donde la pareja puede enamorarse, distanciarse o enfrentarse y rivalizar.
 
Pero un canon común que se mantuvo a través de toda la historia del tango, fue el del hombre. Tal vez fue desde los comienzos por ser el encargado de llevar a la mujer en el recorrido donde siempre debió demostrar ese coraje de guapo, donde es más que visible la presencia masculina.
 
Pero existieron mujeres que lograron insertarse entre la elite masculina y representaron una época muy particular.
 
Bien podemos recordar a Paquita Bernardo que tocó el fueye en un conjunto masculino, o Ebe Beatune, también una mujer que tuvo “su propia orquesta”, reconocida como “La dama blanca” por usar como vestimenta un frac de varón.
 
Todas trataron de imponer a la mujer como parte del tango, algunas eligieron disfrazarse como sus compadres otras tocar al nivel de ellos, pero sin duda fueron “guapas” en su época.
 
Además de la danza, existen elementos que reafirman esta idea del coraje como expresión tanguera:  cuchillos, sangre y muerte, dan la idea de ello.
 
 
Hombres de ciudad
 
La cualidad que tratamos de subrayar es la denominada: valentía, propia del hombre “guapo” de ciudad, que tuvo un gran tratamiento en la historia de nuestras letras populares.
 
Porque, a través de ella, los protagonistas de esas historias tuvieron repercusión y fama.
Curiosamente, uno de los grandes intérpretes de esta temática, es una mujer: Rosita Quiroga. De su voz surgieron temas como “Mandria”, compuesto por Juan Velich y Francisco Brancatti, en el que se describe la actitud de un paisano noble y valiente, al comprobar la traición femenina:
 
Tome mi poncho, no se aflija!
Si hasta el cuchillo se lo presto.
Cite, ,que en la cancha
Que usté elija,
Ha de dir y en fija,
No pondré mal gesto.
Esta es mi marca
Y me asujeto
Pa’ pelear
A un hombre mandria!
Vayase con ella
La cobarde,
Digale que es tarde
Pero me cobre.
 
No fue el único tema que popularizó esta peculiar intérprete, puesto que en tiempo de milonga registró unos versos de Felipe Fernández, “Yacare”, que publicó en su libro “Versos rantifusos”. Estas décimas, llamadas “El taita del barrio”, expresan lo siguiente:
 
“En mi coraje
Frente a frente en el terreno
he sido rugiente trueno
que avasallo el malevaje
un desaire fue un ultraje
que inflamo mi indignación
nervio, arrojo y corazón
templaron mi alma compadre
y es que así me hizo mi madre
para que fuera varón.”
 
 
Una gran obra maestra representó al hombre de ciudad y fue compuesta por M. Luis Carnelli, quien se escondía bajo la firma de Luis Mario, fue “El Malevo”.
 
Fue estrenada por Julio De Caro (autor de la música) en los carnavales de 1928, cuando su orquesta amenizaba los bailes de los teatros Opera y San Martín.
 
El tema está dedicado precisamente al “Malevo” Muñoz, es decir a Carlos Raúl Muñoz y Pérez, que no es otro que Carlos de la Púa.
Sus versos dicen así;
 
Entre guapos de acción
Copaste la caban.
Te sobra corazón:
Sos un orre pur sang.
Perdoná el berretín hermano
Que querers!
Me ha dado el ventolín
De batir que vales...
Lo que tengo que decir:
Muñeca para tallar
Y labia pa engrupir
Nunca te va a faltar
Poque sos el mejor reo de la ciudad
Canchero, arrastrador
Te sobra autoridad!”
 
 
Otro tema que explica y nos describe a aquel varón guapo, se realizó en 1929, y lo hizo Juan Velich y Platas, se denominó: “Sangre Maleva”.
 
“Era un malevo sin trampa,
sin padrinos ni aliviada,
sin minga de compadrada,
pero de temple y acción.
 
Y sobre el final de la letra relata:
 
 
“No me pregunte agente
quien fue el hombre que me ha herido
que será tiempo perdido
porque no soy delator
déjeme nomás que  muera
y que esto a nadie le asombre
que el hombre, para ser hombre
no debe ser batidor!”.
 
 
En la pieza musical “El tigre Millán”, estrenada en el teatro Sarmiento en 1934, uno de los temas a los que hacía alusión decía:
 
“Era guapo,
De esos guapos mas temidos
Cual la punta
Desgarrante de un facón....
 
A todos éstos interpretes se les grabó la mas exacta pintura del prototipo del coraje: el malevo, tema en el cual reflejaron nítidamente al auténtico guapo, derecho y leal, cultor del coraje.
 
 Marinha Villalobos
 
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