Informe  |   El Tango y La Muerte
 LA MUERTE
 
La muerte es una constante ineludible, como temática tanto en la literatura universal como en el tango.
 
Tal vez por el misterio, la incertidumbre o las miles de  preguntas que se hace el ser humano para saber si existe un después de la muerte.
 
Por supuesto que tan delicado tema ha requerido un tratamiento que no siempre está a la altura de las circunstancias.
 
Es así que el arte no pudo dejar de transmitir todos estos cuestionamientos, entonces surgieron una serie de creaciones que adquirieron cierto vuelo poético que las distingue del resto.
 
Intentaremos exponer solo algunas de las letras, y los autores, que parecen ser las más significativas:
 
Antonio Martinez Viergol, o “Sastre Del Campillo” fue poeta, autor teatral y periodista, nacido en España en 1872.
 
Podemos recordar algunas de sus obras de teatro "Las Bribonas" y "Ruidos de Campanas”.
Fue seguramente quien introdujo la muerte dentro de la música de tango. Aún con neta influencia hispánica, en Beso de muerte relató:
 
“Ayer lo enterraron, Margot lo ha sabido
su rostro de esfinge no se ha conmovido.
Pobrecito mozo, bien caro pagó
el beso de la muerte que le dio Margot”.
 
 
En 1922, Carlos Gardel registró dos versiones que tocaban dicho género. Una de ellas, “El taita del arrabal”, pertenece al periodista, letrista y director de cine Manuel Romero, nacido el 21 de Septiembre de 1891, también colaboró Luis Padilla y Luis Bayon Herrera.
 
 
“Relucieron los bufosos,
y el pobre taita cayó,
y así en una noche oscura,
tuvo un triste final,
aquel a quien le llamaban,
el taita del arrabal”.
 
Otro de los autores dedicados al tema: Jorge Luque Lobos, conocido como “Quelú”, quien fue poeta, periodista, escritor y autor, iniciado en los diarios "La Nación", "La Razón", "El Diario", "Noticias Gráficas", "La Novela Semanal", "Caras y Caretas", "El Suplemento", entre otras.
 
En “La mascotita” escribió:
 
“Aquel jilguero agonizaba,
las alas rotas en el hospital”
 
Describiendo el inevitable final. La música es de Félix Scolatti Almeyda.
 
Alfredo Navarrine pintó con expresivo verismo, promediando la década del ’20, el drama de la mujer sola. Así compuso “Fea”, que inmediatamente popularizó Carlos Gardel, que tuviera música de Horacio Pettorossi.
 
 
Para todos
Tenía una sonrisa,
Fue noble, fue sumisa,
Su drama nadie vio,
Pero fue
Ran pesada su cadena
Tan grande fue su pena
Que anoche se mató”.
 
Y el mismo Navarrine escribió “Lechuza” con música de su hermano Julio:
 
“Cuando apuntó el día nuevo,
lo halló desangrado, inerte,
era el último malevo,
que se iba rumbo a la muerte”.
 
Mientras tanto, el  poeta Juan Andrés Caruso (20 de septiembre de 1890 - 1 de marzo de 1931), escribió Calandria, con música de Luis Teisseire.
 
“Porteño de ley,
Calandria peleó,
por una mujer,
por ella murió”.
 
El oriental nacido en Montevideo el 28 de marzo de 1897 Gerardo Matos Rodríguez, quien fuera pianista, compositor y periodista, reconocido por “La Cumparsita” contó así mismo en su producción con “Mocosita”, que también fuera suceso y que dedicara a su colega y compatriota Juan Collazo. Lleva música de Victor Solino, otro autor y periodista que se radicó en el Uruguay.
 
“Dormía tranquilo el conventillo,
nada turbaba el silencio de la noche,
cuando se oyó soñar,
allá en la oscuridad,
el disparo de una bala fatal....”
 
En 1927 el poeta Eugenio Cárdenas nacido el 6 de Septiembre de 1891 y fallecido el 1 de Enero de 1952, escribió “Te fuiste, hermano” a la memoria del hermano del violinista Alberto Tavarozzi, autor de la música.
 
Se oye otra vez, aquel reír,
 de las alegres muchachas,
 que saben decir llenas de fervor
 la frenética canción del amor
 pero hasta el rumor de un leve cantar
 las hace siempre gemir de pesar
 desde que te fuiste hermano,
 hacia la triste región sombría,
 la casquivana alegría
 a nuestra pieza no ha vuelto jamás”.
 
Carlos Bahr, el letrista y poeta que nació el 15 de octubre de 1902 y falleció 23 de Julio de 1984 y realizó un inmenso aporte a la literatura y en especial al tango, en colaboración con el bandoneonísta, Héctor Maria Artola, en un momento crucial de su vida –como lo fue la irreparable perdida de su madre- compuso “Desconsuelo”.
 
 
Tal fue la sinceridad volcada en sus versos que no alcanzó gran difusión, por la misma tristeza que contagiaba al intérprete.
 
“Hermano, hermano, que solos que hemos quedado!/
 como dos niños perdidos que al llorar gritan: mama!/
con desesperación”.
 
Y el propio “Caballero Cantor” o Ignacio Corsini, sintió mucho dolor, tras la pérdida de su esposa, Victoria Pacheco. Cantó por última vez el 28 de mayo de 1949, en la audición "Argentinidad", de Radio Belgrano.
 
Luego de fallecer su esposa, le escribió unas cuartetas a las que Enrique Maciel  “El Negro” les puso música. Se titularon “Aquel cantor de mi pueblo”:
 
“Solo la desesperanza,
anida en mi alma doliente
ella se fue de mi vida
yo voy con rumbo a la muerte...”.
 
Curiosamente,  el “Caballero Cantor” no grabó este tema. Lo hizo años después y a manera de homenaje, Edmundo Rivero.
 
 
 
 
 Marinha Villalobos
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