Informe |  Pioneros del baile
El Cachafaz, el Tarila y la Calderón
 
Podemos presentar a éstos dos maestros del corte y la quebrada a través de una mujer, que logró unirlos:
 
Carmencita Calderon
 
Con ojos negros y penetrantes, aquella porteña que traducía el espíritu de la ciudad se llamaba Carmencita Calderón. Estuvo ligada al tango con el ritmo de dos nombres de auténtica antología: Benito Bianquet o “El Cachafaz ” y José Giambuzzi o “El Tarila”.
 
Se dijo que la Calderón estaba hecha de esa blandura física apta para sentir las exigencias del compañero de baile, sin duda alguna el compás musical que llevaba en sus brazos le permitía su total entrega...
 
Desde los 13 años de edad conocía perfectamente la coreografía del tango, siendo su primer maestro su propio hermano.
 
En su niñez Carmencita solía acompañar a sus dos hermanas a la casona de la calle Quesada al 5000, donde en su patio se bailaba, siempre bajo la tutela de los mayores.
 
Aquella tarde fue crucial, ya que sucedió la presentación del “Tarila”, que después de ojearla accedió a bailar “suavecito”.
 
Inevitablemente el gran bailarín se sorprendió con la destreza de aquella niña, y desde aquel entonces el destino de Carmencita estaba echado.
 
Fue el “Tarila” quien la puso en el camino de “El Cachafaz ”, llevándola a su academia de la calle Lavalle entre Callao y Rodríguez Peña.
 
 
El Cachafaz
 
Era porteño, hijo de padres franceses y sus características físicas lo demostraban: alto, ojos verdes, y muy apuesto para la época.
 
Se dedicó, antes de ser famoso, a trabajar como empleado del Ministerio de Agricultura de la Nación y a cobrar, sin trabajar, las funciones de langostero.
 
A los 12 años de edad puso en evidencia sus aptitudes de bailarín y de galante con las muchachas. Se cuenta que el Cachafaz era dueño de una simpatía especial por ellas, y que solía perseguirlas. Esta fue una técnica que tal vez utilizó al servicio del tango.
Su técnica:
Consistía en abrazar fuerte a la mujer por la cintura, dominándola. De esta forma conseguía que respondiera a su voluntad, pero también permitía que ésta se luzca. Su coreografía era propia, Carmencita Calderón dijo alguna vez:
 
“Era generoso, contra el egoísmo de otros bailarines, que no permiten que la mujer llevase las palmas, porque en el tango el solo contacto o aproximación del hombro femenino con el masculino permite a ella seguirlo sin mirar abajo. Es de mala bailarina mirar al suelo”.
 
Su vestimenta también daba que hablar ya que a pesar de sus elegantes trajes negros, sus calzados brillantes que lograban que tenga gran suceso entre los ambientes mas distinguidos y reuniones sociales, Cacha eligió no vestir de manera llamativa y menos bailar con un atuendo teatral. Aunque también, y solo en ocasiones especiales vistió de pantalón bombilla a la francesa, el saco cortón y abotonado y el lengue blanco.
 
El adiós del Cachafaz
 
Un día en 1935, Don Benito debía bailar en el Cine Teatro San Fernando y no tenía compañera, y los mismos alumnos le recomendaron a Carmencita...
 
“...Y me llevó. Salimos a bailar al son de la orquesta de Pedro Maffia, sin ensayos, pero él me iba diciendo en voz baja: Despacito, crúcese, no se apure, muy bien, muy bien. Bailamos ante la insistencia del público cinco tangos con corte y de salón y desde ese entonces fui su compañera oficial”
 
El adiós sucedió un 8 de febrero de 1942. La pareja solía actuar, en ese entonces, en el “Rancho Grande” en Mar del Plata, y aquel día luego del baile “Cacha” se retiró a tomar un whisky...
 
Carmencita se enteró de la noticia de que Benito había caído en el patio mientras conversaba con una firma comercial.
 
Sucedió que hizo crisis su dolencia cardíaca y un síncope puso fin a su vida a los 56 años.
 
José Giambuzzi
 
El Tarila nació en 1889 en Puderia, provincia de Salerno, Italia.
 
Ya de grande José se dedicó al comercio y cuando comenzó a bailar su fama fue relativamente limitada, solo se circunscribió a un grupo.
 
Solía frecuentar  los locales del Mercado del Abasto allá por 1910.
 
Pero también tuvo muchos encuentros con el Cachafaz en aquellos concursos del Teatro Excelsior de la calle Corrientes, donde al jurado se le hacía difícil elegir un ganador.
 
Bailó siempre con su esposa, pero cuando ella murió se decidió por Carmencita Calderón, quien después volvió con el Cachafaz.
 
Entre los dos guapos existía respeto y amistad, por ello a veces eludían rivalizar.
Carmencita dijo sobre Tarila:
 
“El Tarila era más brusco menos limpio en los cortes. Su físico era mas vulgar, aunque delgado, ágil, observador, escurridizo y de ojos claros, pulcro en su vestir, no podía paragonarse con el andar de pasos largos, asentados y leves del Cacha”
 
Resaltaba en él su elegancia y compás de música por sobre todos los bailarines, slogan que fue su firma coreográfica en su vida artística. Su muerte se produjo en 1961.
 
Don Benito, Carmencita y Tarila hoy se convirtieron en mito que el tiempo convirtió en leyendas. Lo cierto es que el tango se formó con ellos y gracias a su ritmo acompasado lograron lucirse y representar al tango argentino.
 
 Marinha Villalobos
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