| Homenaje | Rosita Quiroga |
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Desde El Portal del Tango, el homenaje a una de las protagonistas de la historia de nuestro tango.
La madre de Rosita era una china cordobesa, doña Serapia Quiroga, y el padre, un carrero asturiano que cargaba carbón en el Riachuelo. Cursó hasta cuarto grado en una escuela de la calle Patricios y justo a los 14 años, dejó el aula y se puso a estudiar canto. Por la situación económica de su familia decidió probar suerte en un teatrito de Bahía Blanca cuyo propietario, un señor Muscari, la había escuchado cantar. Más tarde se fue abriendo paso, y como en la gente de alta sociedad había muchos aficionados al canto criollo, en ellos busco amigos y encontró a los Villar Sáenz Peña, que le abrieron las puertas de la Victor. No llegó a la sala de grabación, y tampoco tenia una larga carrera teatral –porque Gardel-Razzano le habían conquistado los mismísimos escenarios al canto criollo- y en el Empire compartió cartel cantando en dúo con Rosita del Carril (en los papeles, Rosita Pérez), hasta con Ekhaterina de Galantha. Por los principios de la década del 20, se volcó al tango, debutando en la radio en 1924 en L.O.I., una de las primitivas emisoras de la naciente radiofonía, (fue la primera artista que actuó en la radiofonía) cantaba canciones nativas, pero luego pasó al tango, teniendo actuaciones en teatros y muy especialmente en el sello Victor.
Rosita era ya una especie de jefa de
relaciones públicas de la Victor, donde convirtió en estrella a dos
grandes figuras del tango, Mercedes Simone y Agustín Magaldi. Ella
misma grabó para ese sello más de doscientas composiciones, -el primero
de su repertorio fue “La tipa”- las que se difundieron por todo
el mundo y durante la segunda guerra mundial; acompañaron a
Fue ella y por supuesto el sello Victor, quienes inauguraron en la Argentina la era de las grabaciones eléctricas. El hecho aconteció el primero de marzo de 1926, ese día realizó cuatro grabaciones eléctricas, pero por número de matriz el primero y por lo tanto emblemático en la historia discográfica de nuestro país fue "La musa mistonga" de Antonio Polito y Celedonio Flores. Comenzó por entonces a ganar mucho dinero. Luego hizo un viaje triunfal a Japón; recibió El Farolito de Oro de la Academia Porteña del Lunfardo y esta institución la contó entre sus más queridas amigas. Poseía un estilo irónico y burlón, un arrastre canyengue de tono arrabalero y una S africada que fueron sus características y motivo de simpatía para sus admiradores. Con áspera voz narraba las historias de los tangos casi con desdén, sin incurrir en trazos gruesos o melodramáticos. Más que cantar, decía. -Según Gobello- “se puso a chamuyar morosamente las letras, como para que la gente la escuchara con la oreja pegada a la gran flor azul de los gramófonos...”
Mantuvo su vigencia por varios lustros y –como señala Ferrer- sus discos fueron decisivos para la aceptación del tango en Japón; sin embargo, ya en los años cuarenta su popularidad había declinado. Porque en 1931 prácticamente dio fin a su carrera, tenía 35 años, aunque siguió presentándose en radio, en forma esporádica. Realizo sus últimas versiones en 1952 y sus últimas apariciones serian en el programa de televisión “La Botica del Tango” de Bergara Leumann. su despedida fue el 14 de septiembre de 1984. Murió en su casa de la avenida Callao el 16 de Octubre de 1984. Es autora de los temas “Apología tanguera”, “Flor de tupí”, “Oíme negro”, “Puente Alsina”, “Guitarra”, “Maula”. Como muestra de su estilo destacan sus versiones de los tangos “Julián”, “Maula”, “Carro viejo”, “Mandria”, “Mocosita”, “Pato” y “De mi barrio”.
Ricardo Espinosa Belén |