El apuesto
muchacho de apellido Pappalardo llegó un día lunes de 1946 al domicilio de
Florindo Sassone, enterado por un amigo de que necesitaba un vocalista. “Hice el
tango Canción de cuna y no le gustó al maestro. Allí empecé a convencerme que no
servía para cantor”, contaba quien sería después Jorge Casal. “Pero al día
siguiente —continuó-- recibí la sorpresa de que me buscaba para que fuera el
nuevo cantor de la orquesta. Había ocurrido que mientras me tomaba la prueba, la
esposa de Sassone, que tenía oído musical y había estudiado canto, me había
escuchado desde un ambiente contiguo y le dijo a su marido que no me dejara de
lado”. En la gatera estaba posicionado para ese puesto nada menos que Alberto
Podestá.
Gracias a su mujer, Sassone tuvo su mejor cantor, que dejó grabadas
interpretaciones inolvidables como Volver, La última cita, A la luz del candil,
Rencor, Mi noche triste, Madre hay una sola y la citada Canción de cuna, quizás
la mejor lograda.
“Salvo las dos primeras grabaciones, todo el repertorio fue elegido por mí
—comentaba Casal--, en eso no daba concesiones. Sassone se encargaba de la parte
musical, en lo demás… mejor ni hablar. No fue buena persona. Nunca reconoció
haberse equivocado conmigo al rechazarme y, mucho menos, que el éxito de la
orquesta se debía a mi presencia. En el comentario del ambiente se sabía que era
así”.
Fue tal el suceso del nuevo cantor, que de inmediato le llovieron propuestas
económicamente favorables para él, de importantes orquestas (Laurenz, Caló, Di
Sarli, Troilo), las que desechó “en reconocimiento a la oportunidad que Sassone
me había dado. Esa decisión se la comuniqué personalmente a Pichuco en su
departamento, y me respondió: ‘¡Lo felicito pibe, no cualquiera hace lo que
usted hizo¡’.
Ya desvinculado de Sassone, ingresó a la orquesta de Troilo dejando 20
grabaciones, pero fue otro Casal. Acartonado, distinto fraseo, menos
sensibilidad y matices, varió su registro abaritonado. Pero, como sobre gustos
no hay nada escrito, posiblemente otras opiniones no coincidirán con tal
apreciación.
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