Se
publicó en el diario LA OPINIÓN de Rafaela, el 09/06/01 bajo el título:
“Cambalache”,
una pintura argentina.
Por Dino F.
Mancinelli
Poeta
y filósofo, con una capacidad de síntesis asombrosa,
Discépolo ha sabido plasmar en unos pocos versos la realidad que
nos golpea como un mazo. Su tango "Cambalache" ya es sinónimo
de la abyección de los argentinos, y se utiliza constantemente para
describir las conductas que hoy nos toca contemplar. Pero veamos analíticamente
esa letra, sublime en su jerga orillera,
para justificarla con pruebas inapelables.
Cambalache
Tango
Letra
y Música: Enrique Santos Discépolo
Que
el mundo fue y será una porquería ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
¿Alguien puede
ponerla en tela de juicio? Acción y reacción. Para que haya virtud,
debe existir el vicio, caso contrario no existiría el concepto. Esto lo
aceptamos naturalmente, el conflicto se establece cuando se incrementa
lo negativo y se amalgama con
lo positivo, no sabiendo diferenciar entrambos como lo dice el
poeta a continuación.
Pero
que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
Para modesto ejemplo
de la maldad insolente, basta con reparar en los graffitis, el
vandalismo o los prepotentes que circulan por las calles ciudadanas que,
además de molestar y poner en riesgos al prójimo, lo afrentan con
gestos y palabras por el simple hecho de pretender asumir el derecho que
marca la ley.
¡Hoy
resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
Mientras, las
autoridades igualan con su indolencia al que cumple y al infractor. Y no
somos capaces de discriminar públicamente entre un Favaloro y los
miserables que lo llevaron a la muerte, encauzando los fondos que tanto
necesitaba su obra hacia el desagüe de los inicuos intereses de los
ineptos senadores y otros integrantes de los poderes gubernamentales
que, con total desparpajo, mantienen sus inmorales emolumentos. No sólo
los conservan, sino que los aumentan desvergonzadamente, pisoteando con
alevosía y provocación los expresados deseos de racionalizar
los gastos para aliviar a los que tanto sufren.
¡Qué
falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Para el caso y
“agiornando” los personajes, bien podríamos poner “Mezclao con
Fendrich va la madre Teresa /y Silvia Süller/ el gordo Valor y Napoleón/
Maradona y San Martín. Le recordamos al lector que “Stavisky”
(Alexander Stavinsky) fue un famoso estafador de origen ruso que se
suicidó en una cárcel de Bayona (Francia) en 1934; Don Bosco, fundador
de la orden de los salesianos, fue canonizado en ese mismo año; “Don
Chicho” (Juan Galiffi) fue jefe de la mafia argentina y detenido y
procesado en 1932 y “Carnera” (Primo Carnera), boxeador italiano,
retuvo el título mundial de peso completo en el bienio 1933/34. Creemos
que “La Mignón” es la forma usual entre nosotros de
la voz francesa “mignone” con el valor de “querida” o
“mantenida”. También podría referirse a “Mignón”, el
conmovedor personaje de una de las obras de Goethe (Guillermo Meister)
San Martín y Napoleón no necesitan explicarse.
Igual
que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
Pero no sólo en la
política vemos las flaquezas humanas. Toda la sociedad está siendo
prostituida (¡Cuántas veces lo dijimos!). Creíamos ver una intención
renovadora, de aseo espiritual, cuando aparecieron programas televisivos
que premiaban los conocimientos de los participantes. Recibimos con
ilusión a "El Invencible" de Susana Giménez. Imaginábamos,
aunque cuestionando algunas de las estúpidas preguntas ("¿cómo
se llama la parte de los vegetales que se encuentra por debajo de la
tierra? y ¿qué animal se utiliza como modelo para confeccionar alcancías")
intercaladas entre otras realmente interesantes ("¿quién compuso
Tristán e Isolda? o ¿con qué nombre se conoce a la piedra que permitió
descifrar la escritura egipcia?") que una luz de sensatez se encendía
en beneficio de la formación del hombre; pero, esperar el respeto de
los valores por parte de estos medios necios, va más allá de la razón.
En vez de dejar que el conocimiento, o la falta de él, decidiera el
resultado, no tuvieron mejor idea que agregar una votación para
seleccionar a los eliminados. No importa que uno se hubiera equivocado
una vez o diez: el elegido se va. Como los electores son los mismos
participantes, con la falta de valores que caracteriza a la humanidad
contemporánea, eliminan a los mejores y, de esa manera, se deshacen de
los competidores más dotados. Resultado: ganan los mediocres, porque
los muy malos caen por su propio peso y los mejores son excluidos por
los votos de los interesados. Así que, ante la falta de ingenio para
hallar variaciones en el eterno juego de bucear en el conocimiento
adquirido, no tienen mejor ocurrencia que estimular, promocionar, la
competencia desleal. ¿Y el Comfer? Bien... gracias.
¡Siglo
veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley..
¡Qué dilema!. ¿Cómo
orientamos a nuestros hijos: honestos y trabajadores o vividores y
delincuentes? Por la formación ética heredada, no tenemos ninguna duda
pero, nuestra insistencia en la honradez y solidaridad ¿no los condenará
a una vida llena de penurias y humillaciones? El mundo ha perdido
valores, Argentina mucho más. Nos atrasamos muchos años en educación.
Los jóvenes, por estas falencias, ya no pueden comunicarse eficazmente
y describir cabalmente su vida interior en beneficio suyo y de los
otros. Más allá de su vocabulario de cien palabras, muchas de ellas
simples muletillas ("de repente me miró, viste, y nada, o sea me
quedé así, viste, ¡qué sé yo bolú!) como puede certificarlo el que
tenga suficiente estómago para mirar por más de 10 segundos a un grupo
de pseudo humanos (por no decir "grandotes pel...", que queda
mal pero los describe mejor) desparramados en sillones y camas de
"Gran Hermano".
Si nuestros ineptos
gobernantes no se ponen ya a revertir esta situación, nuestros nietos
seguirán viviendo en la bestialidad, y no decimos "nuestros
hijos" porque ellos ya no tienen tiempo para disfrutar de un cambio
positivo. ¡Queda tanto por hacer para recuperar al viejo mundo de la
educación y la racionalidad!
Discépolo usó 273
palabras para todo un curso sobre las características del siglo XX.
Nosotros utilizamos casi 900 para una mala demostración del contenido
de su poesía -¡Grande Enrique Santos! ¡Lástima que los responsables
no se den por enterados de tu reclamo implícito en la descripción de
la sociedad que integramos!- No hay peor sordo que quien no quiere oír...
¿Recobraremos el oído alguna vez?