Historia enviada por Oscar Mármol el 3/04/2001
 
CAMINITO - EL PAÑUELITO
 
En la década del 70, recibí un llamado telefónico de Arturo Penón, que para ese entonces era primer fueye de Don Osvaldo Pugliese y que, además, se encargaba de los temas contractuales. El motivo del llamado, era que el Dr. Ovidio Lagos, propietario del Diario La Capital de Rosario y gran admirador de Osvaldo, los había contratado para que brinden un concierto Tanguero en el mejor Teatro de Rosario (creo que se llamaba El Colonial), sábado y domingo. Además, les pidió si podían incoporar al repertorio los temas Caminito y El Pañuelito, que habían sido grandes éxitos en la voz de Jorge Maciel. Como lamentablemente Maciel ya no estaba entre nosotros, Don Osvaldo dijo "Interesemos a Rufinito, que puede remplazarlo perfectamente por su registro de voz abaritonada". Ese había sido el motivo del contacto telefónico, proponer esa actuación a Rufino para que interprete esos temas, a lo que Roberto contestó que era un halago cantar con el maestro. Por supuesto,  el tema económico no se tocó en ningún momento, sabíamos que la orquesta de Osvaldo era una cooperativa y que Roberto cobraría la parte proporcional que le corrrespondería. Recuerdo que viajamos a Rosario el sábado bien temprano: Roberto, su esposa Perla, y el Rolo, un tanguero que nos llevó en su automóvil. Yo tenía una duda dado que Roberto era muy puntilloso y, previamente a estrenar un tema, había que hacer arreglos. En mi ignorancia, le dije "Nene ¿y los arreglos para Caminito y El Pañuelito?" Respetuosamente me miró fijo y no me contestó, como queriendo decirme "¿que preguntás?" Yo me callé, pero seguía sin entender como se ensamblaría Roberto con la orquesta. Recuerdo el teatro lleno. Cuando llegó la hora, el maestro arrancó con ARRABAL, el tango de Pascual Contursi. Luego actuaron Abel Córdoba, El negro Belusi, Cobos y el Flaco Morán. Fue una experiencia irrepetible, la gente aplaudía de pie. Yo seguía sin entender dónde se insertaba Rufino en este delirio. Por supuesto, el plato fuerte dispuesto por Pugliese, y en agradecimiento al amigo, era que Rufino cerrara el espectáculo, interpretando los temas que Ovidio Lagos había pedido: Caminito y El Pañuelito. Lo que sucedió a continuación fue de una emoción tan grande que vi a mucha gente llorar.Se apagaron todas las luces del Teatro, la Orquesta comenzó a tocar los primeros acordes de El Pañuelito, con el solo de Arturo Penón, y un reflector enfoca a Roberto, que sale de un costado del escenario y comienza con un fraseo largo "El pañuelito blanco, que te ofrecí...", y el marco enorme de toda la orquesta atrás, con esa polenta que solamente Osvaldo sabia imprimir. Debo decir que fue el delirio, la gente aplaudía de pie y pedía otra canción. Nunca el Tango me hizo vivir una emoción tan grande. En ese momento se me hizo la luz al recordar el dialogo que tuvimos en el auto, cuando le pregunté intrigado sobre los arreglos y él no me contestó. Comprendí que tanto Osvaldo como Roberto estaban dotados con ese genio que solo tienen los grandes. Allí entendí el término "a la parrilla", que la hermosa voz de Roberto era un instrumento más dentro de la orquesta. Nunca pude entender cómo no existen grabaciones de este hecho que son, a mi juicio, antecedentes invalorables para la historia Tanguera.
 
Con todo afecto
Oscar Mármol

 

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