Historia enviada por Oscar Mármol - 20/8/2000
 
Cátulo Castillo: Un poeta de lujo
 
Quiero sumarme al hermoso homenaje que El Portal  le hace a ese grande que fue Cátulo Castillo, recordándolo en un rasgo que lo pinta, de cuerpo entero, como un ser que amaba la vida y a toda la creación de Dios. Conocí a Cátulo por el año 1960. Circunstancialmente, me encontraba visitando a un querido amigo en su casa de Ciudad Evita, quien me comentó que su vecino Cátulo lo esperaba para hablar de boxeo. Cabe destacar que mi amigo era, y es, una de las glorias de nuestro boxeo: Ricardo González, (Gonzalito), más conocido por sus admiradores como "El mono"; que fue campeón sudamericano de peso pluma, allá por la década del 50. Me invitó a acompañarlo y acepté. Cátulo nos recibió en su casa con la cordialidad que lo distinguía, y fui testigo presencial de la conversación sobre boxeo, un deporte que apasionaba al maestro, ya que lo había practicado. Por ese entonces, Ricardo González era profesor de boxeo, y hablaban sobre nuevos valores que estaban surgiendo. Como ruido de fondo en el hermoso chalet en el que Cátulo vivía con su querida esposa, se podían escuchar ladridos de perros (más de uno). Esto motivó que el maestro interrumpiera su conversación, se dirigiera a mi y me preguntara si me gustaban los perros. Un poco confundido le dije que sí, a lo que me preguntó si tenía uno. Le respondí que no, por lo que me propuso regalarme uno. Yo no entendía nada. Lo cierto es que, abandonando la charla de boxeo, nos invitó a pasar al fondo de su casa. Allí había unos seis perros muy bien cuidados, cada uno con su collar y su casita. Yo le pregunté al maestro si vendía perros. Él me miró paternalmente y me dijo: "No, no vendo. Son perros vagabundos, los traigo de la calle, los alimento, los hago ver por un amigo veterinario que les da todas las vacunas y después busco una persona como vos para regalárselos. "Por supuesto, cómo podía negarme a la propuesta de esa enorme figura moral, espiritual y física que fue Cátulo. El resultado fue que aparecí en mi casa de Liniers con un perro de regalo para mi hijo de corta edad. Recuerdo que Cátulo nos comentó a Ricardo y a mí que, cuando pudiera, compraría una casa vieja en la que fundaría un hogar para animales abandonados. Con el tiempo en una casona que creo que quedaba estaba por la calle La Rioja al 1400, nació MAPA. Esta entidad estaba solícitamente atendida por jóvenes médicos y médicas veterinarias que, en forma gratuita, atendían a los animales dejados a la mano de Dios y les buscaban un hogar, previa cura y alimentación. El sueño de ese grande se había cumplido, y mucha gente de la televisión, la radio y los diarios, ayudaron en su cruzada a este ser bueno y noble que fue Cátulo Castillo. Vaya mi homenaje a un grande, que nos dio tantas letras de Tangos hermosas.
 
Con afecto,
Oscar Mármol
 
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