A fines de la década del 70, un empresario platense quería que en su
tangueria actuara su idolo: Carlitos Dante, y me pidió que le
hiciera las gestiones. Debemos recordar que Dante ya no actuaba. No obstante, a través de un
querido amigo en común, lo visitamos en su casa de Mataderos. Recuerdo que
nos recibió cordialmente, y cuando le hice saber el motivo de mi visita, me miró fijo y me dijo:
"Mire pibe, asi me vengan a buscar en
carroza de oro, y me paguen una suma extraordinaria, no voy. Conozco las limitaciones que marcan la edad en una persona, prefiero que me
recuerden bien". Debo aclarar que no tenía frente a mí a un viejo, sino mas bien a un ser
jovial y lleno de vida, que a mi juicio tenía cuerda para rato, pero
era su decisión y había que respetarla. Me comentó que se había jubilado en YPF y no tenía agobios económicos,
y que era muy feliz en la paz de su hogar. Pasaron muchos años, y hace unos dias me contacté con Luisito Testori, su
hijo, quien tuvo la gentileza de invitarnos a su casa en el barrio de Parque
Chacabuco. Allí fuimos, con mi amigo Carlos Marello, para que nos relate vivencias de
su querido viejo. Fueron mas de dos horas de charla, en las que ratificó todo lo que sabemos de
Carlitos Dante, que fue un padre ejemplar y un profesional responsable que
vocalizaba 2 horas por día. Además nos mostró una vitrina llena de recuerdos de su
querido viejo: relojes, trofeos, medallas, la lapicera con la que firmaba
autógrafos y todas sus grabaciones. Al despedirnos, le agradecimos y le hice
saber mi opinión personal sobre Dante: Gardel es el más grande, pero Carlos Dante lo
sigue soplándole la oreja.