Historia enviada por Carlos A. Manus  el 27/03/2001, en homenaje a Enrique Santos Discépolo
 
Discépolo
 
Hoy, 23 de marzo, se cumple el centenario del nacimiento de Enrique Santos Discépolo.  En homenaje al juglar de las esquinas porteñas -como acertadamente lo llamó Norberto Galasso - cabe recordar que su tango Cambalache tuvo el singular privilegio de ser prohibido por las dictaduras militares, desde la de 1943 en adelante. Su letra, mordaz acusación a la corrupción e impunidad de la “década infame”, es tan actual hoy como en 1935. La neutralidad favorable a los países del Eje mantenida por el presidente Ramón S. Castillo prohibió, en 1943, la exhibición de la película El fin de la noche; que estaba protagonizada por Libertad Lamarque y Juan José Míguez, con dirección de Alberto de Zavalía. Esta película, que estaba ambientada en un país que padecía la invasión nazi y en la que Libertad interpretaba el tango Uno, solo pudo ser estrenada después del golpe de Palacio, el 4 de junio. Los tangos de Discépolo sufrieron los efectos de la moralina impuesta por esa sedición. El ministro de Educación, Gustavo Martínez Zuviría (Hugo Wast), creó una comisión presidida por monseñor Gustavo Franceschi encargada de salvaguardar la pureza del idioma, que arremetió contra los tangos prohibiendo el voceo y el uso de términos lunfardos. Los autores de los tangos prohibidos debieron cambiar de urgencia los términos “ofensivos” para adaptarlos a la mojigatería de esos puristas. Esto dio lugar a títulos y palabras que, por ridículos, alteraban el sentido de las letras que terminaban siendo una parodia del tango. En 1949, Discépolo y otros autores se entrevistaron con el presidente Juan D. Perón, a quien convencieron de que esa prohibición afectaba sus fuentes de trabajo, logrando la derogación de esa arbitraria medida. La relación de Discépolo con Perón dio origen a Mordisquito, el personaje que en la audición “Pienso y digo lo que pienso” dialogaba con un imaginario opositor al gobierno, y que fue un extraordinario suceso radial. Perón manifestó que su reelección en los comicios del 11 de noviembre de 1951se debía al voto de las mujeres y a Mordisquito. Como consecuencia de su voluntaria e incondicional adhesión a Perón, Discépolo sufrió el odio y el desprecio de los artistas opositores al régimen. Mejor suerte corrieron Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta que,  poco después del cuartelazo del 6 de septiembre de 1930, y en servil pleitesía al mismo, compusieron el tango Viva la Patria, ripiosa adulonería afortunadamente (para sus autores) olvidada por el público.
 
Carlos A. Manus
 
 
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