Enviada por Cristina Salinas
 
Julio Sosa: Todo un periodista
 
Bien conocidas son las facetas de Julio Sosa de cantor, actor y poeta. A lo largo de su carrera artística dejó grabados, para deleite de los amantes de la música popular rioplatense, alrededor de 140 títulos, entre tangos, milongas, valses, candombes y canciones folklóricas. En cuanto a su forma de cantar el tango decía: “todo lo que canto me gusta. jamás he interpretado una canción por compromiso. Estudio psicológicamente los personajes de cada tango y me siento yo mismo cada uno de esos personajes, por eso digo que el cantor debe ser actor por naturaleza”. Esta faceta, puede apreciarse en la única película que protagonizó “Buenas noches Buenos Aires”, y si se quiere en los registros de su paso por la televisión. Quienes trabajaron con él en la pantalla chica afirman: “Era todo un showman, se movía como pez en el agua y poco era lo que había que indicarle a la hora de trabajar. Cumplía al pié de la letra todas las instrucciones... era un excelente profesional”.  Como poeta, editó un libro llamado “Dos horas antes del Alba”, que se agotó al poco tiempo de haber salido a la venta y que está conformado por 24 poemas, en los que la temática del amor frustrado es recurrente, llena de pasajes amargos, duros y hasta crueles. Julio Camilloni decía: “Es un lírico nato, de rico lenguaje, acertado en sus definiciones y justeza y claridad en sus metáforas”. Agregaba, en el prólogo del libro citado: “Ha nacido así: Con instinto de poeta... Y el instinto lo sabemos bien, es inexorable.”
En el transcurso del año 1960, en la desaparecida revista “Tanguera”, Julio Sosa, se ocupó de escribir una serie de notas periodísticas a las que tituló “Siluetas Porteñas”, semblanzas sobre notables figuras del mundo del tango.
De estos artículos, he rescatado uno que está dedicado a quien, el Varón del Tango, le debe gran parte de su brillante carrera. El mismo, inagotablemente, acostumbraba a decir: “El doctor Elkin me salvó la vida”.
 
Siluetas Porteñas. Hoy: León Elkin
 
Amigos de Tanguera:
 
Cuando esta inquietud mía de escribir, tan vieja y tan querida, traspuso el plomo del anonimato, y llegó a la generosa consideración de los lectores, alguien que me merece profundo respeto y afectuosa admiración, dijo por radio, que lo que yo hacía era periodismo auténtico. ¡Gracias, Julio César Marini!.
 
Yo personalmente no estoy seguro de merecer tan brillante calificativo, y me inclino a creer, que ese veterano, popular y querido “flaco” Marini, ese gran corazón de piernas largas y mano cálida, se dejó arrastrar por el afecto que me profesa, y que, me honro en corresponder. No se si lo que hago es periodismo. Lo único que puedo asegurar, es que me anima al hacerlo, el mas puro y sincero sentimiento de justicia, para aquellos que, en una u otra forma, contribuyen a mantener y elevar el prestigio de nuestro segundo Himno. Por eso hoy, les hablaré de alguien que jamás, o por lo menos muy rara vez, ocupó el primer plano en el periodismo tanguero, a pesar de que muchos de los primeros astros y estrellas de nuestra canción, le deben su carrera, algunos su fortuna y muchos, como yo, la alegría de vivir, y la inefable sensación de sentirme alguien...
 
Nuestra figura de hoy no es músico, no es cantor ni compone tangos, y sin embargo, es una de las más auténticas  “Siluetas Porteñas” de nuestra galería, y salvando distancias tiene la importancia de un técnico mecánico para un coche de carrera, la de la savia para el árbol, la del sol y la lluvia para el trigo. Todo esto envuelto en una generosidad sin límites, porque el también es un gran artista. Es un hombre de ciencia.
 
Es el doctor Leon Elkin y es evidente que detrás de su deslumbrante inteligencia y de sus manos maravillosas, está Dios... No sé si estas palabras mías llegarán a su esfera, pues por razones lógicas de profesión, su círculo está distante, pero solo su círculo, pues él, está constantemente cerca de todo aquel que usa su voz para ganarse la vida, ya sean estos cantantes, actores, oradores o maestros. Por eso, los intérpretes del tango, debemos hacer público nuestro reconocimiento a este gran médico, que lucha por nosotros, desde el severo recinto de su consultorio. Las paredes del mismo, cubiertas totalmente por el testimonio agradecido de artistas mundialmente famosos, hablan elocuentemente de su eficiencia sin igual como laringólogo, y también, tal vez él no lo sepa, como médico de almas... Al entrar a su consultorio de la calle Arroyo, nos recibe como infundiéndonos confianza, la amplia sonrisa de Carlos Gardel.
 
Cuando a mi vez entré hace cinco años, me acerqué a su retrato, con un nudo en mi garganta enferma, y pude leer al pie de la foto: “A mi gran médico y amigo León Elkin, a quien debo el milagro de conservar una garganta perfecta. Carlos Gardel”
 
¿Hace falta agregar algo más?...
 
Doctor, permítame usted finalizar estas palabras con mi oración más querida:
Padre Elkin que estás en la tierra...
 
Julio Sosa 
 
Quienes conocieron a Julio María Sosa Venturini, lo recuerdan, sin tratar de disimular el inmenso dolor que causó el amigo que se fue inesperadamente, entre cómicas e insólitas anécdotas, como un hombre extremadamente generoso, honesto, humilde, sumamente culto, perennemente agradecido y profundamente sentimental.
 
 
Cristina Salinas 
 

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