- Verlaine y el tango
-
-
“El tango es un pensamiento triste que se
baila”
-
Enrique Santos Discépolo
-
-
-
Los poetas simbolistas prefirieron el matiz al color y optaron por
los tonos indefinidos y los conceptos vagos. El gris fue su tono
preferido, precisamente porque no es un color sino un grado de
luminosidad intermedio entre el negro y el blanco.
-
-
El gris expresa el ánimo melancólico característico de esa
corriente literaria, consecuencia de su búsqueda de ambigüedad
conceptual. De ahí su preferencia por el atardecer cuando los
colores se esfuman y sólo queda el gris, símbolo de melancolía e
indefinición. Paul Verlaine fue el líder del movimiento poético
simbolista que contó entre sus miembros a Charles Baudelaire,
Tristán Corbière, Isidore Ducasse, Jules Laforgue, Charles-Marie
Leconte de Lisle, Stephane Mallarmé, Jean Moréas, Arthur Rimbaud y
Paul Valery. Por ello se ha dicho que el gris es el color de
Verlaine.
-
Reflejo de su habitat geográfico, la música del norte de nuestro
país, como el carnavalito y el takirari, es alegre como el
colorido paisaje de su entorno. El tango, en cambio, es triste
porque su ámbito fue el arrabal y el puerto con sus tonos grises.
En Memorias Sudamericanas, Hermann Keyserling nos catalogó como un
pueblo triste. A excepción de la alegría, el tango ha expresado
todos los sentimientos y, si bien hay tangos sarcásticos y
cachadores, sus manifestaciones son de burla y no de alegría.
-
-
Como los simbolistas, los poetas del tango recurrieron al gris, la
lluvia, la niebla, al atardecer, al viento, al crepúsculo, al
otoño, a las tinieblas y a la bruma, asociados todos ellos a la
melancolía, la evocación y la nostalgia.
-
-
Enrique Cadícamo, o amarrado al recuerdo
-
Enrique Cadícamo apeló a esos temas en varias poesías: “… Alondra
gris/ tu dolor me conmueve,/ tu pena es de nieve…/ Madam Ivonne…”
(Madame Ivonne); “Barrio tranquilo de mi ayer,/ como un triste
atardecer,/ a tu esquina vuelvo viejo…” (La casita de mis
viejos); “Afuera es noche y llueve tanto…/ Ven a mi lado, me
dijiste,/ hoy tu palabra es como un manto,/ un manto grato de
amistad…/ La historia vuelve a repetirse, mi muñequita dulce y
rubia,/ el mismo amor… la misma lluvia…/ el mismo, el mismo loco
afán…/ …Después, quizá, mordiendo un llanto,/ quedate siempre, me
dijiste,/ afuera es noche y llueve tanto,/ …y comenzaste a
llorar…” (Por la vuelta); “Puentes y cordajes donde el viento
viene a aullar,/ …/…¡Niebla del Riachuelo!…/ Amarrado al recuerdo/
yo sigo esperando…/ ¡Niebla del Riachuelo!…/ De ese amor, para
siempre, me vas alejando…/ …/ Llueve sobre el puerto, mientras
tanto mi canción;/ llueve lentamente sobre tu desolación…” (Niebla
del Riachuelo); “…Tras el ventanal,/ mientras pega la llovizna en
el cristal/ con tus ojos más nublados de dolor/ soñás un paisaje
de amor…” (Nunca tuvo novio); “… Gime bandoneón, tu tango gris,
quizás a ti te hiera igual/ algún dolor sentimental…”
(Nostalgias); “Ven… No te vayas… Qué apuro de ir saliendo/ Aquí
el ambiente es tibio/ y afuera está lloviendo…/ … Es cruel la
despedida/ y triste el distanciarnos…/ Rubí… En este instante
gris, un último dolor/ me causará tu adiós…/ Después la noche, con
su frío y con su lluvia/ pondrá su broche sobre mi corazón…/ Ven …
que la lluvia, afuera, no ha cesado…/ La noche es cruel y fría…/
¡No salgas de mi lado!… / ¡Amor!…” (Rubí); “Suena menos gris/
tango, para mí…” (A quién le puede importar); “ … Mientras tanto
la garúa/ se acentúa/ con sus púas/ en mi corazón…/ ¡Garúa!…/ Solo
y triste por la acera/ va este corazón transido/ con tristeza de
tapera…/ Garúa… Tristeza…/ Hasta el cielo se ha puesto a llorar…”
(Garúa); “ Llueve… Llueve en el suburbio/ y aquí solo en esta
pieza,/ va subiendo a mi cabeza/ una extraña evocación./ Es la
pena de estar solo/ o es la tarde cruel y fría/ que a mi gris
melancolía/ la convierte en emoción…/ Hoy la tarde está lluviosa,/
bandoneón, por los recuerdos,/ es por eso que me acuerdo/ de mis
tiempos de esplendor…” (Cuando tallan los recuerdos) y en “… Café
La Paloma/ por tu veredón en las noches brumosas/ se pasean las
sombras de Tito, Arolas y Bardi…” (A pan y agua).
-
-
Cátulo Castillo, o la vida es una herida absurda
-
Cátulo Castillo los utilizó asiduamente en “…¡Tu coche que pasó
me salpicó/ Su noche de fangal y lluvia!…” (Anoche); “… Y en el
fondo grisáceo de aquel día de hielo/ ponían una gota de ironía
mordaz, / el sol de tus cabellos, tus pupilas de cielo/ y el
cuerpito aterido que envolvía el percal…” (Caminito del taller);
“Rivadavia y Rincón!… Vieja esquina/ de la antigua amistad que
regresa,/ coqueteando su gris en la mesa que está/ meditando en
sus noches de ayer…/ Cuando llueve en las noches su frío/ vuelvo
al mismo lugar del pasado,/ y de nuevo se sienta a mi lado/
Betinoti, templando la voz…” (Café de Los Angelitos); “El farol
de una cantina, la neblina del Riachuelo/ que ha tendido bajo el
cielo como un pálido crespón…/ …/ Sólo puebla su tristeza la
aspereza del pesar/ y en la niebla de los años, y en la muerte que
lo alcanza/ hay un canto como un llanto que regresa desde el mar…/
Es la voz de los veleros que llevaron las neblinas,/ son los
viejos puertos muertos que están mucho más allá…” (Domani);
“Llega tu recuerdo en torbellino,/ vuelve en el otoño a
atardecer,/ miro la garúa, y mientras miro,/ gira la cuchara de
café…” (El último café); “…Tarantela del barco italiano,/ la
cantina se ha puesto feliz,/ pero siento que llora lejano/ tu
recuerdo vestido de gris” (La cantina); “…Cerrame el ventanal/
que quema el sol/ su lento caracol de sueño,/ ¿no ves que vengo de
un país/ que está de olvido, siempre gris,/ tras el alcohol?…” (La
última curda); “…Un otoño te trajo…! Tu nombre era María,/ y
nunca supe nada de tu rumbo infeliz…/ Si eras como el paisaje de
la melancholia,/ que llovía… llovía, sobre la calle gris…”
(María); “Paredón,/ tinta roja en el gris/ del ayer…/ Por qué
llegó y se fue/ tras del carmín/ y el gris,/ fondín lejano/ donde
lloraba un tano/ sus nostalgias de “bon vin”. (Tinta roja); “La
copa del alcohol hasta el final/ y en el final tu niebla,
bodegón…/…/ … y es loco vendaval/ el viento de tu voz/ que silba
la tortura del final…” (Una canción); “La niebla de la noche nos
castiga/ con una gris distancia de recuerdos./ La niebla de los
puertos y la vida/ que ronda con sus pasos de silencio./ Detrás
está la luz de antiguos días/ y el horizonte azul que yo
presiento./ Mi soledad te espera en la neblina/ con la canción que
llora sin saberlo./ La niebla, carrusel,/ y estamos solos/ girando
el carretel,/ el carretel…/ La niebla, carrusel,/ que alguna
noche/ ha de acercarse/ con la sombra de él…/ Una canción se
filtra entre la niebla/ con una gris mortaja de fantasma,/ y el
corazón se sienta en la vereda/ para escuchar los ecos que se
apagan…” (Una canción en la niebla).
-
-
José María Contursi, o los caminos del recuerdo
-
José María Contursi los empleó en: “Como un fantasma gris llegó el
hastío/ hasta tu corazón que aún era mío./ Y poco a poco te fue
envolviendo/ y poco a poco te fuiste yendo…” (Cada vez que me
recuerdes); “…¡Cuántos, cuántos años han pasado,/ Grises mis
cabellos y mi vida!/ Loco… casi muerto… destrozado,/ con mi
espíritu amarrado/ a nuestra juventud…” (Cristal); “… Y en una
noche gris,/ desesperada y gris,/ ¡casi me mato por vos y por
mí!…” (Culpable); “¡Qué ganas de llorar/ en esta tarde gris!…/
¡En su repiquetear/ la lluvia habla de ti!…/¡Y hoy es tu voz que
vuelve a mí/ en esta tarde gris!…” (En esta tarde gris); “… La
noche que te fuiste,/ más triste que ninguna/ palideció la luna/ y
se tornó más gris la soledad…/ La lluvia castigando mi angustia en
el cristal/ y el viento murmurando:/ Ya no vendrá jamás…” (La
noche que te fuiste); “… Ves…/ todo aquello se esfumó/ como
brumas en el mar/ al llegar la luz del sol…” (Tú).
-
-
Homero Expósito, o esquina de recuerdos y un farol
-
Los usó Homero Expósito en “… Bajo el gris/ de la luna madura/ se
pierde la oscura/ figura de un barco…” (Cafetín); “… Río… sueños…
calles… pueblo…/ todo está esperando, ¡todo está lloviendo!…
(Déjame volver para mi pueblo); “… Fue en abril/ -el año, ¿para
qué?-,/ la tarde estaba gris,/ llovía aquí también/ un llanto de
violín/ y un verso de papel…” (Oyeme); “…¡Pobrecita, morocha y
rubia!/ que en una cita con la lluvia/ se perdió…” (Oro falso);
“…yo sé que se han nublado mis días más felices/ como tus tardes
grises, que ya no veré más…” (Pueblito de provincia); “… Tal vez/
de tanto usar el gris/ te ciegues con el sol…/ ¡pero eso tiene
fin!…” (Quedémos aquí); “… Y atrás de un tul, siempre París/
vendiendo azul lo gris…” (Siempre París); “… Y sabiendo acaso mis
mentiras/ ocultaste tus desvelos/ en el gris de una sonrisa…”
(Todo); “…Trenzas de color de mate amargo/ que endulzaron mi
letargo gris…” (Trenzas); “… Si me parece verte con la mirada
rubia/ detrás de la ventana seguir con interés/ por el cordón de
piedra las aguas de la lluvia/ mientras yo fabricaba barcos de
papel…” (Barquitos de papel).
-
-
Homero Manzi, o el milagro de la evocación
-
Acudió a ellos Homero Manzi en “Después…/ la luna en sangre y tu
emoción,/ y el anticipo del final/ en un oscuro nubarrón…”
(Después); “ Yunta oscura trotando en la noche./ Latigazo de
alarde burlón./ Compadreando de gris sobre el coche/ por las
piedras de Constitución…” (El pescante); “Esquinita de barrio
porteño,/ con muros pintados de luna y de sol,/ que al llorar con
tus lluvias de invierno/ manchás el paisaje de mi evocación”
(Esquinas porteñas); “Fuí como una lluvia de cenizas y fatigas/ en
las horas resignadas de tu vida…” (Fuimos); “…Estás en la
penumbra cuando en la tarde se duerme el sol./ En la canción del
ave que arrastra el viento como un dolor./ En la gota de lluvia
que recogió una flor./ En el temblor del ala que el vendaval
golpeó…” (Gota de lluvia); “Garuando en mi ventana murmura la
noche./ Las luces de la calle titilan más bellas/ en tanto que tu
ausencia parece una estrella/ mojada en la lluvia de mi corazón…/
…Volverás, volverás con el agua/ que al golpear mi cristal da su
canto./ Volverás, volverás con el llanto/ que llueve en la noche
de mi callejón./ Volverás otra vez del recuerdo/ al nidal de mi fe
desolada,/ y estará tu canción amarrada/ con hilos de lluvia que
llora mi amor./ Las nubes del fracaso recorren mi cielo./ El
trueno de la pena retumba reproches./ El rayo del olvido alumbra
mi noche/ y el viento del alma te canta un perdón./ Repica sobre
el claro cristal la llovizna./ Un lampo del pasado sus focos
asoma,/ y vuelve tu recuerdo como una paloma/ mojada en la lluvia
de mi corazón”. (Lluvia); “… El viento de la tarde revuelve la
cortina./ La mano del recuerdo me aprieta el corazón./ La pena del
otoño agranda la neblina: / se cuela por la hendija de mi
desolación…” (Mi taza de café); “… Es tan triste vivir entre
recuerdos…/ Cansa tanto escuchar ese rumor/ de la lluvia sutil que
llora el tiempo/ sobre aquello que quiso el corazón…” (Ninguna);
“… Es tal vez por eso que recién me angustian/ tu tono velado, tu
sombra, tu gris,/ tu cielo techado de nubes y bruma,/ tu parque
llorando con lluvia de abril…/… ¿Qué alma, qué alma buena/ vio la
pena, pena/ de la nube gris,/ del camino azul, del dolor de
abril?/ … Somos… lo mismo, con igual destino…/ Garúa borrosa de
un día de abril./ Un nido vacío y un viejo camino/ y un aire de
ausencia muy triste y muy gris.” (Paisaje); “… Adiós…/ la triste
y más gris canción de amor…/ Ayer…/ el último y fatal ayer final…”
(Torrente); “… Ya no serás/ el que en las brumas del río/ vio
chispear el brillo frío/ de las dagas que en el río/ concitaba la
traición… (Milonga de Puente Alsina) y en “…Tendrá una caja blanca
el último organito/ y el asma del otoño sacudirá su son… (El
último organito).
-
-
Carlos Bahr, o la niebla del alcohol
-
Carlos Bahr los usó en “… Estás en el motivo del silbido/ y estás
en los turbiones del rencor…” (Estás conmigo), en “ … Y un ansia
que no deja pensar nada,/ un ansia atormentada, me arrastra en su
turbión…” (Muriéndome de amor), en “… Llora la lluvia del otoño/
Sobre tu tumba y mi tristeza../ Hoy como nunca ¡estás tan sola…!/
…/ …Pero tú siempre sigues sola,/ Y yo vivo un otoño/ De amarga
soledad. ” (Mañana iré temprano), en “… ¿Dónde estás?/ Es mi voz
que lleva el viento/ el dolor de cien recuerdos/ que preguntan,
¿dónde estás?/ ¿Dónde estás?/ ¿En qué ciego torbellino/ se
enloquecen tres pinos/ que nos quiso separar …” (Dónde estás), en
“Del fondo de una copa pesco sueños,/ afuera llueve y llueve sin
cesar./ La copa del licor y tu recuerdo,/ me han puesto el corazón
sentimental…/ … / Afuera la llovizna del invierno/ modula su
canción sentimental./ Vivamos, corazón, este momento,/ brindando
por la dicha que se va.” (Una copa más), en “ … Tal vez otra
aventura/ cautive mi empeño,/ tal vez otra locura/ me arrastre en
su turbión … (Siempre tú en mi corazón), en “… “Tango que habla de
recuerdos,/ gris amigo de añoranzas;/ tango grave a cuya voz/ se
estremece el corazón/ y se aviva la nostalgia…” (Otro tango) y
en “ … Y mientras voy bebiendo, voy soñando,/ envuelto tibiamente
en el sopor/ en que con la embriaguez me va atrapando,/ como una
telaraña, la niebla del alcohol… (Mientras tú no llegas).
-
-
Luis Rubistein, o el tono gris de evocación
-
Dice Luis Rubistein “… Soplaron vientos de hastío en los valles
de mi vida/ y trajeron las cenizas de mi lírica illusion,/ hecha
carne en las tinieblas de mi juventud perdida/ donde murió mi
bohemia/ con mi última canción…” (Inspiración); “…¿Qué rodar te
cruzó en mi camino,/ cerrazón de nieblas, llantos y fracasos?…
(Amor); “… La tarde gris, tan gris como mi pena, acompañó mi
quebranto por tu herida… (Tarde gris); “… y escucho entre la
niebla su voz que aún me nombra/ llorando en las nostalgias del
valse de Chopín.” (Nieblas); “… Soñemos en la gris/ tarde que
llueve (Charlemos); “… Niebla sin fin, pena veloz/ que abre los
rumbos de mi mal…” (Cautivo) y en Marión “ … Sombras del ayer,/
con tono gris de evocación/ siempre me dirán: Marión.”.
-
-
Otros poetas, o tango, melancólico testigo
-
Francisco García Jiménez los empleó en Barrio Pobre “… Barrio… de
mis sueños más ardientes;/ pobre… cual la ropa de tus gentes./
Para mí guardabas toda la riqueza/ y lloviznaba la tristeza/
cuando te dí mi último adiós…”, y también en Otra vez, carnaval
“… Fugitivas se irán en la aurora/ la ventura y la risa…/ ¡Tendrán
todas mis horas/ una gris soledad!…”. Julián Centeya dice en La
ví llegar “… Perdido en la tiniebla, mi paso vacilante/ la busca
en mi terrible camino de dolor…”, y en Claudinette “… Tus grandes
ojos negros, afiebrados,/ llenaron de tiniebla mi pobre
corazón…/…/ Medianoche parisina/ en aquel café-concert,/ como
envuelta en la neblina/ de una lluvia gris y fina/ te vi
desaparecer…”
-
-
Héctor Pedro Blomberg evoca en La que murió en París “… La lluvia
de otoño mojó los castaños,/ pero ya no estabas en el boulevar…” ,
y en La viajera perdida “… Pasajera rubia de un puerto lejano/ que
un día embarcaste en un puerto gris…/ … ¿Aún vives y sueñas?
Quizás hayas muerto,/ pero en mi nostalgia romántica y gris,/
espero encontrarte soñando, en un puerto,/ bajo el claro cielo de
un dulce país./ Te amaba y te fuiste. Seguía el navío/ por mares
de brumas y puertos de sol…”. Dice Horacio Sanguinetti “… Anoche
le llovía tu capota/ lo mismo que tu alma tan cansada,/ por su
tela negra de hule, vieja y rota,/ le goteaban las mil noches mal
pasadas…” (Viejo cochero); “… Trenzas renegridas, latir de
emociones,/ taperita y lluvia, llorando un adiós…” (Palomita
mía); “… Y hoy, soñando en mi país,/ quizás tu vida gris/
ahuyente la neblina…” (Flor de Lis); en “… Bohardilla alegre de
París,/ recuerdo viejo y algo gris…” (Bohardilla) y en “… no
busques recuerdos que llenan de brumas/ el muelle desierto de tu
corazón” (El barco María).
-
.
-
Esos temas figuran también en “… Como el mar, el humo de nieblas
la viste,/ y envuelta en la gama doliente del gris,/ parece una
tela muy rara y muy triste/ que hubiera pintado Quinquela Martín…/
Pero hay en las noches de aquella cantina/ como un pincelazo de
azul en el gris,/ la alegra figura de una “ragazzina”/ más brava y
ardiente que el ron y que el gin…” (José González Castillo,
Aquella cantina de la ribera), en “… La ronca voz de un borracho/
le canta al alba su diana,/ como en aquella mañana,/ brumosa y
fría, que te dejé…” (Luis César Amadori/ Ivo Pelay, Fondín de
Pedro Mendoza); en “…Canzoneta, gris de ausencia,/ cruel malón de
penas viejas/ escondidas en las sombras del figón…” (Enrique Lary,
Canzoneta) y en “Un día más,/ un año más,/ que estoy perdido en
la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina/ que te alejaste
para nunca retornar…/ …/ Un año más/ que tú no estás,/ y
nuevamente la neblina/ trae recuerdos de mis noches parisinas,/ y
en el recuerdo, nuevamente, vuelves tú…” (José Rótulo, Mimí Pinsón).
-
-
Igualmente, los encontramos en “… El rocío de tus hojas/ la garúa
de la ausencia,/ con el dolor de un suspiro/ su tronquito
destrozó” (Pascual Contursi, Ventanita de arrabal); “Parao en la
vereda,/ bajo la lluvia que me empapaba, la vi pasar./ El auto
limousine,/ como un estuche, de mi la aislaba con su cristal …”
(Manuel Romero, Las vueltas de la vida); “… Fatal, / el otoño,
con su trágico/ murmullo de hojarascas,/ te envolvió/ y castigó el
dolor./… /Llueve, / la noche es más oscura…/Frío,/ dolor y
soledad…” (Alfredo F. Roldán, Tu pálido final); “Al alba abrí las
puertas de mis horas;/ al alba fuiste tú:/ promesa y luces…/ Y
ahora están abiertas a un abismo/ el más profundo y gris, porque
me huyes…” (Eugenio Majul, Mientras viva).
-
-
Aparecen en “Remotos bandoneones/ despliegan en la noche/ sus
pájaros de brumas…/ … Yo sólo sé que fue el remanso de mi vida
gris,/ que en el calvario de mis días fue una tibia luz…” (Rodolfo
Taboada, ¿Por qué la quise tanto?); “… Ha pasado sólo un año/ y
el adiós abrió su herida;/ un año nada más,/ un año gris/ que en
nuestro amor duró una vida…” (Chico Navarro, Nuestro balance); “…
La calle es niebla y cerrazón/ y, mientras digo mi canción,/
lloviendo está mi corazón, en oro y gris…” (León Benarós, Oro y
gris); “ Allá en la costa apartada/ donde cantan las espumas/ el
misterio de las brumas/ y los secretos del mar…” (Carlos Mauricio
Pacheco, Felicia) y en “… Y siguen las rutinas,/ la vieja
sonatina,/ llorando en la neblina/ del humo y del licor/ …/ Tu
vieja y triste sonatina,/ parece, en cada bodegón,/ una esperanza
que camina/ bajo un cielo de neblina/ arrastrando un corazón…”
(Abel Aznar, Sonatina).
-
-
Y los vemos en “…En esa niebla gris, de lágrimas gastadas,/ que
habita en el confín de la trastienda amarga…” (Héctor Negro, Hoy
te encontré Buenos Aires); “… ¿Te acordás, hermana, de aquellos
cadetes…/ el primer bolero y el té en El Galeón,/ cuando los
domingos la lluvia traía/ la voz de Bing Crosby y un verso de
amor…?” (María Elena Walsh, El 45); “ Humedad… llovizna y frío;
mi aliento/ empaña el vidrio azul del viejo bar,/ … Aunque sé que
nunca llega, siempre/ que llueve voy corriendo hasta el café…”
(Cacho Castaña, Café “La Humedad”); “… es como esos crepúsculos
tan tristes/ de las tardes de arrabal (Celedonio Flores, Beba).
-
-
Asimismo figuran en “… Esquina de las cuadras de mi vida,/ guarida
de mis sueños más absurdos,/ embarcadero gris de mi ambición de
luz,/ secreta latitud de mi canción…” (Rubén Garello, Buenos Aires
conoce); “ … Y todo a media luz,/ Crepúsculo interior/ ¡Qué suave
tercipelo/ La media luz de amor…!” (Carlos Lenzi, A media luz); “…
Sueños de gloria/ que truncos quedaron/ y herido me dejaron/ entre
brumas de dolor…” (Juan Velich, Mala junta); “Viejo barrio de mi
ensueño,/ el de ranchitos iguales,/ como a vos los vendavales/ a
mí me azotó el dolor…” (Alfredo Navarrine, Barrio reo); en “…
Gime, gime el viento/ y es un lánguido lamento/ su canción de
abril/ …/ Otra vez el viento/ gime igual que aquel momento/ del
adiós fatal./ Y en vano es que la espere y desespere/ si el otoño
ya llegó… y no volvió.” (Oscar Rubens, Gime el viento); en “… Qué
viento de reproches se llevó/ un tiempo de alegrías y de fe/ …/
Sabemos que nos cuesta reencontrar/ la senda de la mutua
comprensión, mejor dejar pasar el chaparrón/ si el chaparrón
golpea más y más…” (Leopoldo Díaz Vélez, Salvemos este amor) y
en “ Vago como sombra atormentada/ bajo el gris de la recova, me
contemplo y no soy nada…/ …/ Vago con la atroz melancolia/ de una
noche gris y fría…” (Carmelo Santiago, Amarras).
-
-
Verlaine y el tango
-
Esa relación entre Verlaine y los poetas del tango está reflejada
en los versos de Manzi en Canto de ausencia:
-
-
Escrito en un poema está tu
nombre.
-
Colgada en la pared tu cara
buena.
-
Tus cartas escondidas en un
cofre,
-
y en un libro de Verlaine, tus
azucenas…
-
-
-
Nota: Mi agradecimiento a la Lic. Ana María Basso por su
información sobre Paul Verlaine y los poetas simbolistas
proporcionada gentilmente por intermedio del Prof. Conrado de
Lucía.
-
-
Referencias:
-
Del Priore, Oscar y Amuchástegui, Irene. CienTangos Fundamentales.
Buenos Aires, Editorial Aguilar, 1998
-
Gobello, José. Letras de Tango. Selección (1897-1981). Buenos
Aires, Centro Editor de Cultura Argentina S.A., 1999
-
Colección Cancionero. Buenos Aires, Torres Agüero Editor
"Todo Tango"
(Internet)
-
-
-
-
-
Carlos A. Manus
-
Enero 2002