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Letra: Luis Alposta. 
Música: Edmundo Rivero 
Año: 1981 

El varón Megata, en el año veinte, 
se tomaba el buque con rumbo a París, 
y allí, entre los tangos y el "dolce far niente", 
el japonecito se hizo bailarín. 
Flaco y bien plantado. Pinta milonguera. 
De empilche a lo duque, aun siendo varón. 
Bailón con Pizarro, y una primavera 
empacó los discos y volvió a Japón.

Y así llevo el tango 
a tierra nipona, 
donde gratarola 
lo enseñó a bailar. 
Cuentan que Megata 
no cobraba un mango, 
por amor al tango 
y por ser bacán.

No sólo enseñaba cortes y quebradas, 
también daba clases de hombría de bien; 
junaba de noches y de madrugadas, 
piloteaba aviones y más de un beguen. 
Y tal vez ahora, que esta aquí presente, 
mientras una Sony nos pasa "Chique", 
alguien, allá en Tokio, elegantemente, 
baile a lo Megata sin saber quien fue.


 


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