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Letra: Mario Battistella
Música: Enrique Delfino
Año: 1933

Declaran la huelga,
hay hambre en las casas.
Es mucho el trabajo
y poco el jornal
y en ese entrevero
de lucha sangrienta
se venga de un hombre
la ley patronal.
Los viejos no saben 
que lo condenaron
pues miente piadosa
su pobre mujer,
quizás un milagro
le lleve el indulto
y vuelva en su casa
la dicha de ayer.

Mientras tanto,
al pie de la Santa Cruz
una anciana desolada
llorando implora a Jesús:
“Por tus llagas que son santas,
por mi pena y mi dolor
ten piedad de nuestro hijo.
¡Protégelo, Señor!”
Y el anciano, que no sabe ya rezar,
con acento tembloroso
también protesta a la par:
“¿Qué mal te hicimos nosotros
pa´ darnos tanto dolor?”
Y a su vez dice la anciana
“¡Protégelo, Señor!”.

Los pies engrillados,
cruzó la planchada...
La esposa lo mira,
quisiera gritar. Y el pibe inocente
que lleva en los brazos
le dice llorando
“Yo quiero a papá”.
Largaron amarras
y el último cabo
vibró al desprenderse
en todo su ser.
Se pierde de vista 
la nave maldita
y cae desmayada
la pobre mujer.


 


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