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Letra: Juanca Tavera 
Música: Edmundo Rivero 

Fue una esquina mimada, 
paredón sin ochava 
recalada de amigos, 
de bohemios y tours. 
Con la magia encendida 
de su fe trasnochada 
alumbrada de tangos 
a la vera del sur. 
Se marchó la piqueta, 
no entendió tu presencia, 
no perdona el progreso 
con su espada de luz. 
Pero donde a Balcarce 
la cruza Independencia 
brotan duendes de tangos 
con los brazos en cruz. 

Y aún estás aquí 
peleando por vivir. 
Que empiece la función, 
el piano y el violín, 
que siempre está de pie 
donde hay un corazón 
con alma de farol, 
Viejo Almacén.

Allí estás con las alas 
lastimadas de tiempo, 
tu destino de tangos, 
tu final de gorrión, 
soportando la dura 
realidad del cemento 
que no llora, no ríe, 
que no pide perdón. 
Vámonos de este tiempo 
que llegó la gran vía 
con su traje de día 
y el apuro en la piel. 
Vámonos al recuerdo 
que vive todavía, 
el calor, la poesía, 
de aquel Viejo Almacén.


 


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