Letra: Eduardo Calvo
Música: José María Rizutti
 
Ayer tarde en Florida la vi,
pensativa, mirar un rincón.
Sollozando, la pobre me dijo:
ya no quiero saber de los hombres
ni sentir más palabras de amor.
Son tan agrios aquellos recuerdos
que, aunque quisiera volver a vivirlos,
es tan grande la pena que siento
que me mata el recuerdo de ayer.
       
No me hables de amor       
su voz exclamó,
latiendo su pecho
de tanto dolor.
No me hables de amor,
me dijo otra vez,
y, dándome un beso, 
así murmuró...
Quiéreme en silencio
como nadie quizo,
bésame en la boca
con dulce ilusión,
y así me compensas
las penas pasadas
y el frente latir
del corazón.
 
Recordando aquel día pasado,
nunca más al cruzar la miré,
mas mi alma volvióse rebelde
y mis labios, bajito, dijeron:
Como a nadie a ti te querré...
Pues el beso que me dio tu boca
con ardientes deseos de amar,
con fuego mis labios quemó
y al sentir tan feliz embeleso,
con el beso, un cariño nació.

 


indice