Letra: Lester Allen y Robert Hill
Música: Angel Villoldo
Año: 1952

Beso tus labios y al besarlos centellean,
y una vez más a sus mentiras
hoy me entrego.
Ante el peligro de tu llama que me invade,
he de rendirme a tu fatal beso de fuego.
Con toda el alma convertida
en una hoguera,
por tu camino de regreso voy de prisa
y aunque tus llamas me reduzcan a ceniza,
sin ese beso de fuego moriré.

¿Qué habrá de malo en probar,
si es que te veo
y ya no resisto
y nada más deseo...?
Porque al besarte fui tuyo para siempre
y si tu esclavo debo ser, ¡que sea así!
¡No tengas ya 
piedad de mí!

Dame tus labios y tu amor por esta noche
y que mañana sea lo que el diablo quiera...
Y aunque después me condenara
y consumiera,
¡quiero ese fuego de tu besar!


 


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