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Letra y música:
Santos Lipesker y Reinaldo Yiso
Año: 1947
La conocí por Palermo
una de esas lindas tardes.
Fue mirarla y entregarle
alma, vida y corazón,
y a los seis meses justitos
quiso que vieran sus padres
al hombre que era su sueño,
su esperanza y su ilusión.
Yo sentí una alegría
como nunca había sentido,
bendiciendo mi destino acepté
la invitación.
Eran gente de abolengo,
de linaje distinguido,
y al palacio de la nena
fui temblando de emoción.
Mucho gusto: Juan Paredes;
mucho gusto: Bengolea.
Una copa y otra copa que
la madre nos sirvió,
todo iba viento en popa cuando
al padre de la nena
le dice a mi noviecita:
"Hazle oír algo al señor...".
Ella, llena de entusiasmo,
presurosa fue hasta el piano,
empezó con un bolero
y siguió con otro más.
Después, la última
noche y yo que esperaba un tango
me alejé de su palacio
para no volver jamás.
Una carta le he mandado donde
le digo: "Querida,
si querés que sea
tu novio tenés pronto que aprender
estos tangos que te envío:
Catamarca, La Cachila,
El arranque, Mano a mano,
Adiós Bardi, El buscapié.
Y una cosa más te
exijo, mi querida noviecita:
que en la noche de la boda,
y no lo tomes a mal,
yo quiero que me arrulle
el tango La Cumparsita,
que por algo soy porteño
y nací en el arrabal. |