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Letra: Antonio Miguel Podestá
Música: Rafael Rossi
Año: 1931

(Recitado)
"¡Está listo..."!, sentenciaron las comadres;
y el varón, ya difunto en el presagio,
en el último momento de su pobre vida rea,
dejó al mundo el testamento de estas amargas palabras, piantadas de su rencor...

Esta noche para siempre terminaron mis hazañas,
un chamuyo misterioso me acorrala el corazón.
Alguien chaira en los rincones 
el rigor de una guadaña y anda un cerca ´elcatre, olfateándose el cajón.
Los recuerdos más fuleros me destrozan la zabeca,
una infancia sin juguetes y un pasado sin honor,
el dolor de unas cadenas, que aún me queman las muñecas,
y una mina que arrodilla mis arrestos de varón...
yo quiero morir conmigo,
sin confesión y sin Dios.
Crucificao en mis penas,
como abrazao a un rencor...
Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor;
aquellas me dio amarguras
y el amor, una traición.

Yo no quiero la comedia de las lágrimas sinceras,
ni palabras de consuelo, ni ando en busca de perdón;
no pretendo sacramentos, ni palabras funebreras:
me lo entrego mansamente, como me entregué al botón.
Sólo a usted, mamalejana, si viviese le daría
el consuelo de encenderle cuatro velas a mi adiós,
de volcar todo su pecho sobre mi hereje agonía,
de llorar sobre mis manos y pedirme el corazón.


 

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