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Letra: Juan Miguel Velich 
 Música: Herminia Adela
                                     Año: 1928
 

Cualquier cosa resultante
para que un hombre derecho
tu maldad tomara a pecho
entregándose al esplín.
Con tu acción me comprobaste
lo que tu suponía,
que tu amor me sonreía
para lograr otro fin.

Loca mía,
alma cruel y atravesada,
por tu artera puñalada
toda mi dicha perdí.
Quién diría
que tu pensamiento terco
te volviera flor de cerco
y no encanto para mí.

Tus divinos ojos verdes,
mezcla de mar y de cielo,
han dejado un desconsuelo
que amargó a mi corazón.
Quiera Dios que no te acuerdes
de volver ya que te fuiste,
porque el daño que me hiciste
no merece perdón.


 

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