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Letra: Luis Castiñeira
Música: Armando Baliotti
Año: 1938

Va plateando mis cabellos
la ceniza de los años;
en mis ojos no hay destellos,
pues la noche se hizo en ellos
al dolor de un desengaño...
En mi drama sin testigos,
sin amor, sin esperanzas,
sin amparo, sin amigos,
destrozado en mis andanzas,
vuelvo al barrio que dejé...

A Dios le ruego que no me haga llegar tarde,
que la fe de mi viejita es posible que me aguarde
y ante la puerta del hogar abandonado
pondré una cruz sobre las ruinas del pasado...
Iluso y torpe, yo hice trizas las quimeras
de mi humilde noviecita ; por aquella aventurera
iba tan ciego y orgulloso como terco,
que por una flor de cerco
por el mundo me arrastré.

Dando tumbos por mi huella,
sin rencor, aunque maltrecho,
no me guiaba más estrella
que una sombra, la de aquella
que me hirió dentro del pecho...
Hoy pienso en mi viejita,
resignada, noble y buena;
angustiada, mi alma grita:
"¡Cada cana es una pena
que le ha dado el hijo cruel!"


 


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