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Letra: Héctor
Negro
Música: Osvaldo
Avena
Año: 1971
Llené mi pecho con
el aire de potrero.
Le di a la mala con la leña
del tablón.
Y fue mi canto un estribillo
futbolero.
El primer canto que grité
de corazón.
No tuve nunca quien me diera
mejor fiesta
que los domingos esperados
como el sol.
Y este delirio de seguir
mi camiseta
y la alegría reventando
cada gol.
Si mi mejor juguete
fue redondo.
Y mano a mano,
nadie pudo más,
por que al final de cuentas
sólo tuve
esa posible forma de ganar.
Mi infancia caminó
por aquel cielo,
por tanto barro que debió
esquivar.
Y todos los domingos vuelvo
y vuelvo,
por el desquite que la vida
no me da.
Yo vi los goles que se cuentan
a los nietos
y las pifiadas que dan ganas
de olvidar.
Rompí el carnet cuarenta
veces, eso es cierto,
pero por eso no me han visto
desertar.
Por que tuve berretines a
goleadores
y desde este lado de alambre
los colgué.
En cada grito voy soltando
los mejores
pedazos de alma, que rodando
amasijé. |