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Letra: Enrique Discépolo, Luis César Amadori
Música: Enrique Discépolo
Año: 1923

Qué desencanto más hondo,
qué desconsuelo brutal!...
¡Qué ganas de echarse en el suelo
y ponerse a llorar!

Cansao de ver la vida,
que siempre se burla
y hace pedazos
mi canto y mi fe.
La vida es tumba de ensueños
con cruces que, abiertas,
preguntan... ¿pa´qué?

Y pensar que en mi niñez
tanto ambicioné, que al soñar
forjé tanta ilusión;
oigo a mi madre aún,
la oigo engañándome,
porque la vida me negó
las esperanzas que en la cual 
me cantó.

De lo ansiao, solo
alcancé un amor,
y, cuando lo alcancé,
me traicionó.
Yo hubiera dado la vida
para salvar la ilusión.
Fue el único solde mi esperanza
que tuvo fe, mi amor.
Dulce consuelo
del que nada alcanza.

Sueño bendito
que me hizo traición.
Yo vivo muerto hace mucho,
no siento ni escucho
ni a mi corazón.


 


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