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Letra: Horacio
Ferrer
Música: Astor
Piazzolla
Año: 1981
El Diablo, dueño de
la tempestad.
El Diablo, casi creyéndose
Dios,
por diablo más que
por viejo pensó :
"El circo pide una nueva
función."
Y el Diablo la gran tragedia
soñó.
Sus faustos uno por uno
compró.
Si el Diablo quiere ser
malo, es peor.
Huyamos, que ya levanta
el telón !
Fue sabio, mercader, doctor,
profeta,
juez y parte y en su fiesta
mil papeles encarnó.
Segó la paz, el beso
y la alegría
y alentó la hipocresía
la venganza y la traición.
Fundó una dramaturgia
de dementes
con suicidas y rehenes
en la cumbre del dolor.
Mezcló el agua bendita
y el petróleo
y anunció con terremotos
el final de su función,
tifón bestial de
guerra, alcohol y espanto,
droga, robo, estrés
y engaño
que humilló, cegó
y mató.
Maestro de una ética
de infierno,
dio por hecho el mal eterno
y al infierno se volvió.
El Diablo, dueño de
la tempestad.
El Diablo, casi creyéndose
Dios,
por viejo más que
por Diablo pensó :
"Si quiero, puedo volver
a nacer."
Por diablo, quiso nacer del
amor.
Por malo, se renació
en Navidad.
Entonces, quiso matar y
sonrió.
El Diablo quiso ser niño
y perdió.
Y fue una pavorosa criatura
que fugó de aquella
cuna
y en tinieblas blasfemó.
Llamó a sus marionetas
amaestradas,
más siguiendo su
enseñanza,
cada cual lo traicionó.
Detrás y reclamándole
a los gritos
se arrastraban sus faustitos
agrediéndolo en montón.
Y el Diablo, sin poder y
cuesta abajo,
viejo, sucio y medio enano
de rodillas suplicó.
Y en quechua y español,
inglés y chino,
siempre, siempre, un gran
abismo
de silencio contestó.
Dios quiera, lo verás
soplando un saxo
y entre cuatro pobres diablos,
mendigar por la estación. |