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Letra: Horacio
Ferrer
Música: Astor
Piazzolla
Por su pinta poeta
de gorrión con gomina;
por su voz que es un gato
sobre ocultos platillos,
los enigmas del vino
le acarician los ojos,
y un dolor le perfuma
la solapa y los astros.
Grita el águila taura
que se posa en sus dedos
convocando a los hijos
en la cresta del sueño:
a llorar como el Viento,
con las lágrimas
altas!
a cantar como el Pueblo,
por milonga y por llanto!
Del brazo de un arcángel
y un malandra,
se va con sus anteojos de
dos charcos
a ver por quién se
afligen las glicinas.
Pichuco de los puentes en
silencio.
Por gracia de morir todas
las noches,
jamás le viene justa
muerte alguna.
Jamás le quedan flojas
las estrellas...
Pichuco de la misa en los
mercados.
De qué Shakespeare
lunfardo
se ha escapado este hombre
que en un fósforo
ha visto
la tormenta crecida;
que camina derecho
por atriles torcidos,
que organiza glorietas
para perros sin luna?
No habrá nunca un
porteño
tan baqueano del alba,
con sus árboles tristes
que se caen de parado.
Quién repite esta
raza
de uno sólo, y de
uno.
Pero, quién la repite
con laburos y todo?
Por un aristocracia arrabalera,
tan solo ha sido flaco con
él mismo;
también el Tiempo
es gordo, y no parece...
Pichuco de las manos como
patios.
Y ahora que las aguas van
más calmas
y adentro de su fueye cantan
pibes,
recuerde, sueñe y
viva, Gordo lindo,
amado por nosotros.
Por nosotros.
Amado gordo hermano, Aníbal
Troilo |