- Letra: Borja
J. Bruñó
- Música: Borja
J. Bruñó
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- Yo
tenía un hijo que era mi alegría,
- ángel
de los cielos, sol del mediodía.
- Bello
cual su madre, fuerte como yo,
- hijo
más hermoso nunca más se dió.
- Y
al rendido a casa, de tanto como lucho,
- besándome
decía: “Papá, te tero mucho”...
- Y
aquella media lengua para mí era un clarín,
- y
me iba a la pelea con un ardor sin fin...
-
- Pero
el niño ya se ha muerto,
- hace
días lo enterré,
- cómo
no me he vuelto loco,
- francamente
no lo sé...
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- Hijo,
pedacito de mi carne,
- pedacito
palpitante de mi propio corazón.
- Hijo,
la alegría de mi vida,
- la
alegría de mis horas y mi orgullo de varón.
- Hijo,
el consuelo de mi vida,
- la
esperanza del mañana, de mis luchas la razón.
- Hijo,
al mirar que te he perdido
- mi
dolor es el rugido que lanza fiero el león.
-
- Ahora
ya no lucho, ando como muerto,
- soy
barco sin vela, llevo rumbo incierto.
- Paso
por las calles, a otros veo jugar,
- huyo
más que aprisa para no llorar.
- Y
al ir rendido a casa, parece que le escucho
- que
viene a mí, y me dice: “Papá, te tero mucho”...
- Su
madre, a mí abrazada, solloza como yo.
- Los
dos nos hemos muerto el día que él murió...
-
- Y,
aunque soy un fiel creyente,
- a
mi Dios pregunto así:
- ¿Para
qué te lo has llevado,
- si
era el alma para mí?...
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- Hijo,
pedacito de mi carne, (etc)
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