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Letra: Enrique
Cadícamo
Música: Guillermo
Barbieri
Año: 1932
A veces repaso
mis horas aquellas
cuando era estudiante
y tu eras las amada
que con tu sonrisa
repartías estrellas
a todos los mozos
de aquella barriada...
¡Ah!... las noches
tibias...
¡ah!... la fantasía
cuando solamente tu risa
se oía
y yo no tenía
mis cabellos grises...
Íbamos del brazo
y tu suspirabas
porque muy cerquita
te decía: ni bien...
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata?
te besa la sien!
Al raro conjuro de noche
y seda
temblaban las hojas
del parque también,
y tu me pedías
que te recitara
esta sonatina
que soñó Rubén;
¡La princesa está
triste!
¿Qué tendrá
la princesa?
Los suspiros se escapan
de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa,
que ha perdido el color...
La princesa está
pálida
en su silla de oro,
está mudo el teclado
de su clave sonoro,
y en un vaso olvidado,
se desmaya una flor.
¿Qué duendes
lograron
lo que ya no existe?
¿Qué mano
huesuda
fue hilando mis males?
¿Qué pena
tan triste
me ha hecho tan triste,
triste como el eco
de las catedrales?
¡Ah!... ya sé...ya
sé...
fue la novia ausente,
aquella que cuando
estudiante me amaba..
Que al morir un beso
le dejé en la frente
porque estaba fría...
porque me dejaba... |