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Letra: Cátulo
Castillo
Música: Aníbal
Troilo
Año: 1956
Lastima, Bandoneón,
mi corazón
tu ronca maldición
maleva;
tu lágrima de ron
me lleva
hasta el hondo bajo fondo
donde el barro se subleva...
Ya sé; no me digás,
tenés razón;
la vida es una herida absurda
y es todo, todo tan fugaz
que es una curda, nada más,
mi confesión...
Contame tu condena,
decime tu fracaso
¿No ves la pena que
me ha herido?
Y hablame simplemente
de aquel amor ausente
tras un retazo de olvido.
Ya sé que me hace
daño,
ya sé que me lastimo
llorando mi sermón
de vino;
pero es el viejo amor
que tiembla, bandoneón,
y busca en el licor que
aturda
la curda que al final
termine la función
corriéndole un telón
al corazón...
un poco de recuerdo y sinsabor
gotea tu rezongo lerdo;
marea tu licor y arrea
la tropilla de la zurda
al volcar la última
curda...
Cerrame el ventanal, que
queme el sol
su lento caracol de sueño...
¿No ves que vengo
de un país
que está de olvido,
siempre gris,
tras el alcohol...? |