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Letra: Horacio
Ferrer
Música: Astor
Piazzolla
Año: 1967
Del fondo de las cosas y
envuelta en una estola del frío,
con el gesto de quien se
ha muerto mucho,
vendrá la última
grela, fatal, canyengue y sola,
taqueando entre la pampa
tiniebla de los puchos.
Con vino y pan del tango
tristísimo que Arolas
calará junto al barro
cansado de su frente,
le harán su misa
rea los fueyes y las violas,
zapando a la sordina, tan
misteriosamente.
Despedirán su hastío,
su voz, su melodrama,
las pálidas rubionas
de un cuento de Tuñón,
y atrás de los portales
sin sueño, las madamas,
de trágicas melenas,
dirán su extremaunción.
Y un sordo carraspeo de esplín
y de macanas,
tangueándole en el
alma le quemará la voz,
y muda y de rodillas se
venderá sin ganas,
sin vida, y por dos pesos,
a la bondad de Dios.
Traerá el olvido puesto;
y allá en los tras cartones
del alba el mal, de luto,
con cuatro besos pardos,
le hará una cruz
de risas y un coro de ladrones
muy viejos en sus extrañas
novelas de lunfardo.
Qué sola irá
la grela, tan última y tan rara,
sus grandes ojos grises
trampeados por la suerte,
serán sobre el tapete
raído de su cara,
los dos fúnebres
ases, cargados de la muerte. |