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Letra: José
González Castillo
Música:
Lucio Demare
Año: 1942
Cuando cantan las chicharras
en las pardas cinas-cinas,
y se amodorran las chinas
en las sestiadas de enero
se oye cantar al sendiero
su pregón por las
esquinas.
Parece de plata vieja
por lo bruñida su
piel...
Como grababa a cincel
lleva una marca en la ceja
y, jineteando en la oreja,
el cuajarón de un
clavel...
¡Sandia calada!
¡Sandia colorada
jugosa!... Para las mozas
enamoradas.
Vendo sandia,
sandia calada.
En la vereda arbolada
cabecea algún vecino...
Es un fogón el camino
ardiendo en la resolana
y el carro, de mala gana,
tira el overo cansino...
Con sonora gambateada
cruza un tábano zumbón
y, sobre el verde montón
de las frutas apiladas,
hay dos sandias caladas
justificando el pregón...
¡Sandia calada!
¡Sandia calada
jugosa!... Para las mozas
enamoradas.
Vendo la sandia,
sandia calada.
Al ver las rojas heridas
el mozo, siniestro, evoca
la pasión ardiente
y loca
que le hizo buscar un día
el jugo de una sandia
en la pulpa de una boca...
Y al hacer la caladura
clava -soñando- el
facón,
mientras vuela el corazón
hasta la novia perjura
que le dejó una abertura
de sandia, en el corazón... |