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Letra: Armando
J. Tagini
Música: Juan
José Guichandut
Año: 1929
Entonces tú tenías
diez y ocho primaveras,
yo veinte y el tesoro preciado
de cantar...
En un colegio adusto vivías
prisionera
y sólo los domingos
salías a pasear...
Del brazo de la abuela llegabas
a la misa,
airosa y deslumbrante de
gracia juvenil
y yo te saludaba con mi
mejor sonrisa,
que tú correspondías
con ademán gentil...
Voces de bronce
llamando a misa de once...
¡Cuántas promesas
galanas
cantaron graves campanas
en las floridas mañanas
de mi dorada ilusión!...
Y eché a rodar por
el mundo
mi afán de glorias
y besos,
y sólo traigo, al
regreso,
cansancio en el corazón...
No sé si era pecado
decirte mis ternuras
allí, frente a la
imagen divina de Jesús...
Lo cierto es que era el
mundo sendero de venturas
y por aquel sendero
tu amor era la luz.
Hoy te dirá otro
labio la cálida y pausada
palabra emocionada que pide
y jura amor...
en tanto que mi alma, la
enferma desahuciada,
solloza en la ventana del
sueño evocador...
Misa de once;
yo ya no soy el de entonces... |