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Letra: Alberto Vacarezza
 Música: Enrique Delfino
                                      Año: 1924

Suena tango quejumbroso,
compadrón y callejero,
como suena en la tristeza
mi abatido corazón
y si ves a mi querida 
no le digas que la quiero,
porque ya me da vergüenza
de pensar en su traición.

Suena tango y si con otro
ves baila a tu sonido
no le digas que me oíste
tu rezongo acompañar.
Yo no quiero que ella sepa
las angustias que he sufrido
y que desde aquella tarde
no hago más que sollozar.

Tango,
melancólico testigo
y el único amigo
de mi soledad;
tango,
que en las vueltas del destino
quizá en mi camino
la vuelva a encontrar.

Pero entonces, sin rencores
ni deseos de venganza,
mi perdón le dará abrigo,
y el lamento musical
de este tango, hecho girones
de dolor y de esperanza,
será el grito que la acuse
de haberme hecho tanto mal.


 

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