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Letra: Luis De Biase 
                                      Año: 1928
 

La tarde agonizaba, la noche se aproxima.
De un templo las campanas llamaban para orar,
cuando una joven resignado se inclina ante el altar.

Hay un profundo dolor
en su palidez mortal.
Sus ojos dicen claro
que lloran sin cesar.

Ruego 
por el nombre que yo quiero,
dice
con amargo sinsabor,
ruego
por su vida que es mi vida,
ruego
esta plegaria de amor.
Ruego
por el nombre que me has dado,
ruego
por quien no podré olvidar,
lloro
porque ahora me lo quitas
para
toda la eternidad.

La noche silenciosa tendió su negro manto,
el templo, solitario parece ya quedar,
cuando una triste queja se escucha en el espacio
que dice sollozando: ¡Piedad, Señor, piedad!


 

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