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Letra: Homero Manzi
Música: Acho
Manzi
Año: 1948
Las ruedas embarradas del
último organito
vendrán desde la
calle buscando el arrabal
con un caballo flaco y un
rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas
de percal.
Con pasos apagados elegirá
la esquina
donde se mezclen luces de
luna y almacén
para que bailen valses detrás
de la hornacina
la pálida marquesa
y el pálido marqués.
El último organito
irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa
de la vecina muerta,
de la vecina aquella que
se cansó de amar.
Y allí molerá
tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del
verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado
en el umbral.
Tendrá una caja blanca,
el último organito;
y el alma del Otoño
sacudirá su son,
y adornarán sus tablas
cabezas de angelitos,
y el eco de su piano será
como un adiós.
Saludarán su ausencia
las novias encerradas
abriendo las persianas detrás
de su canción,
y el último organito
se perderá en la Nada,
y el alma del suburbio se
quedará sin voz. |