Fundador: Eduardo Arolas
 Año: 1912
 Formación:
 Bandoneón: Eduardo Arolas
 Violines: Julio De Caro y    Rafael    Tuegols
 Piano: Roberto Goyeneche
 Bajo: Luis Berstein

Eduardo Arolas no fue un ejecutante virtuoso ni un estilista del bandoneón. Pero aportó los fundamentos de un concepto bandoneonístico de la influencia decisiva en la conformación sonora de las orquestas de tangos.

Le aterraban (según testimonio de Julio De Caro y Rizzuti) las estridencias instrumentales y la marcación machacona y monótona del ritmo cortante y acelerado.

Logró imponer el sonido ligado (ligar los sonidos es posiblemente lo más difícil en la mecánica instrumental del tango) y los matices en sus mayores posibilidades expresivas.

Quería un sonido de tango sensitivo y límpida imagen auditiva. Arolas desterró la generalizada espectacularidad en el manejo del bandoneón que distorsionaba inevitablemente la nobleza del sonido. Introdujo los "fraseos octavados" y los "pasajes terciados a dos manos".

Fue, pues, el gran artífice de la musicalidad interpretativa del tango y quien dio las pautas estilísticas de una insospechada proyección estética.

Eso derivó en la gran contibución interpretativa de Arolas, independientemente de su admirable inspiración autoral. A la inquietud de Arolas se debió también la primera inclusión del violoncello en las orquestas típicas, aunque a título experimental y en forma transitoria.

Los tangos coreados por los mismos integrantes de las orquestas, fue otra de las festejadas innovaciones del director. Aquella modalidad alcanzó plena vigencia con un tango suyo dedicado a Rafael Tuegols, su gran amigo y camarada de muchos años.

Eduardo Arolas, prematuramente desaparecido en 1924, lejos de la patria, fue un cultor excepcional del tango. Y su nombre, a través del recuerdo y de sus páginas inmortales, involucra casi un mito porteño.

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