Fundador: Julio De Caro
Año: 1924
Formación:
Bandoneones: Pedro Maffia, Luis Petrucelli
Violines: Julio De Caro, Emilio De Caro
Piano: Francisco De Caro
Bajo: Leopoldo Thompson
Debutaron en el "Café Colón", de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, siendo  contratados inmediatamente para tocar en el aristocrático "Vogue´s Club" del "Palais de Glace".
Casi simultáneamente, inauguraron el dancing "Chantecler", y  luego iniciaron una larga trayectoria por las más importantes salas cinematográficas porteñas, empezando su recorrido en el Select Lavalle.
En la que etapa inicial de la orquesta de Julio De Caro, se advertía nítidamente la influencia temperamental ejercida por el bandoneón de Pedro Maffia, de pausada modalidad con propensión a los matices afiligranados y a los efectos pianísimos, como asimismo una marcada tendencia al ligado de los sonidos, y a los "rubattos" tan característicos.
El fallecimiento del contrabajista Leopoldo Thompson (reemplazado sucesivamente por Hugo Baralis, Olindo Sinibaldi, Enrique Krauss y Vicente Sciarreta) y las posteriores desvinculaciones de los bandoneonistas Luis Petrucelli y Pedro Maffia, determinaron la reestructuración de la orquesta de De Caro.
En la nueva etapa, el dúo de bandoneones se conformó con Pedro Laurenz y Armando Blasco y el segundo violinista Emilio De Caro fue reemplazado por José Nieso.
Este fue, quizás, su período más representativo y de mayor tendencia artística.
La orquesta de Julio De Caro provocó una verdadera revolución dentro de la ejecución del tango.
Se trataba de incorporar los recursos de la técnica musical, especialmente en materia de armonía y contrapunto, sin desvirtuar naturalmente las propias  esencias rítmicas y melódicas.
Todo el desarrollo de la labor interpretativa de la  orquesta de De Caro se condensa en la consabida fórmula de que "el tango es también música"; y esa mayor musicalidad requeriría, incuestionablemente, una mayor capacitación técnica de los instrumentistas.
El acompañamiento armonizado del piano, los fraseos y las variaciones de los bandoneones, los contracantos del violín tejiendo melodías de agradable contraste con el tema central, y los solos de piano y bandoneones que expresaban una riqueza armónica y sonora hasta entonces desconocida, fueron algunos de los aportes más valiosos que aquellos verdaderos innovadores introdujeron en la ejecución del tango.
A todo esto hay que agregar un juego rítmico en el que se percibían las marcaciones dispares a cargo de cada uno de los sectores instrumentales como fondo, en tanto cantaban en primer plano los violines o los bandoneones.
La escuela de Julio De Caro abría nuevas perspectivas musicales para el tango. Admirada por unos y resistida por otros, bifurca incuestionablemente todo el  desarrollo posterior del tango en dos corrientes irreconciliablemente desencontradas.
Artistas y público habrían de elegir, a partir de entonces, entre dos tendencias antagónicas la manera de expresar y sentir el tango.
Una, la corriente "evolucionista", inaugurada por Juan Carlos Cobián, Osvaldo Fresedo y Julio De Caro.
La otra, la corriente "tradicional", aferrada a las viejas fórmulas de ejecución.
Ambas harían  transitar por distintos senderos la historia instrumental del tango.
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