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Debutaron en el "Café
Colón", de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, siendo
contratados inmediatamente para tocar en el aristocrático "Vogue´s Club"
del "Palais de Glace".
Casi simultáneamente, inauguraron el dancing "Chantecler",
y luego iniciaron una larga trayectoria por las más
importantes salas cinematográficas porteñas, empezando su
recorrido en el Select Lavalle.
En la que
etapa inicial de la orquesta de Julio De Caro, se advertía
nítidamente la influencia temperamental ejercida por el bandoneón
de Pedro Maffia, de pausada modalidad con propensión a los matices
afiligranados y a los efectos pianísimos, como asimismo una marcada
tendencia al ligado de los sonidos, y a los "rubattos" tan
característicos.
El fallecimiento del
contrabajista Leopoldo Thompson (reemplazado sucesivamente por Hugo
Baralis, Olindo Sinibaldi, Enrique Krauss y Vicente Sciarreta) y
las posteriores desvinculaciones de los bandoneonistas Luis
Petrucelli y Pedro Maffia, determinaron la reestructuración de la
orquesta de De Caro.
En la nueva etapa, el dúo de bandoneones se
conformó con Pedro Laurenz y Armando
Blasco y el segundo violinista Emilio
De Caro fue reemplazado por José Nieso.
Este fue, quizás, su período más
representativo y de mayor tendencia artística.
La orquesta de Julio De Caro
provocó una verdadera revolución dentro de la ejecución del
tango.
Se trataba de incorporar los recursos de la técnica musical,
especialmente en materia de armonía y contrapunto, sin desvirtuar
naturalmente las propias esencias rítmicas y melódicas.
Todo
el desarrollo de la labor interpretativa de la orquesta de De Caro se condensa en la consabida fórmula de que "el
tango es también música"; y esa mayor musicalidad requeriría,
incuestionablemente, una mayor capacitación técnica de los
instrumentistas.
El acompañamiento armonizado
del piano, los fraseos y las variaciones de los bandoneones, los
contracantos del violín tejiendo melodías de agradable contraste
con el tema central, y los solos de piano y bandoneones que expresaban una riqueza armónica y sonora hasta entonces desconocida,
fueron algunos de los aportes más valiosos que aquellos
verdaderos innovadores introdujeron en la ejecución del tango.
A
todo esto hay que agregar un juego
rítmico en el que se percibían las
marcaciones dispares a cargo de cada uno de los sectores
instrumentales como fondo, en tanto cantaban en primer
plano los violines o los bandoneones.
La escuela de Julio De Caro
abría nuevas perspectivas musicales para el tango. Admirada por
unos y resistida por otros, bifurca incuestionablemente todo el
desarrollo posterior del tango en dos corrientes
irreconciliablemente desencontradas.
Artistas y
público habrían
de elegir, a partir de entonces, entre dos tendencias antagónicas
la manera de expresar y sentir el tango.
Una, la corriente
"evolucionista", inaugurada por Juan Carlos Cobián, Osvaldo
Fresedo y Julio De Caro.
La otra, la corriente
"tradicional", aferrada a
las viejas fórmulas de ejecución.
Ambas harían transitar por distintos senderos la historia instrumental del
tango.
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